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Javier Mata
Viernes, 24 de febrero de 2017
CRÓNICAS DESDE EL CORAZÓN DE EUROPA

Memoria de pez

Por Javier Mata (el Francés)

Bonjour! Escribo estas líneas hoy fruto de mis reflexiones en los desplazamientos diarios en coche, solo. Vuelvo a sentir y recuerdo las sensaciones que he vivido en los últimos años, con mi « mochila » a cuestas. Atrás queda mi vuelta a La Mancha desde mi larguísima estancia en Sevilla. Atrás queda la sensación de exilio, camino de Asturias (de la que me enamoré), fruto de la « expulsión » provocada por quienes se decían mis amigos, herida ya cerrada. Atrás la imagen cruzando la frontera de Irún hacia Francia, por decisión propia, camino de una de las mejores experiencias de mi vida. Y de nuevo cruzando en dirección contraria, por lealtad a los que siempre creyeron en mi, y por lealtad a mi mismo.


    Y cada vez que rememoro estos momentos claves de mi vida, rememoro y me pongo en la piel de aquellos españoles que conocí en Francia (mi familia francesa, como ya he dicho otras veces) y que he dejado allí (entre ellos mi hijo). Y entonces me rebelo. Me rebelo contra aquellos que tantas veces negaron con prepotencia el exilio que provocaban y que nos desangra. Los mismos que con hipocresía ahora se erigen en los valedores que van a traer a los que echaron.


    No nos engañemos, es cierto que la generación mas preparada de nuestra historia es la que cruza las fronteras para quizás no volver, pero no son solo ingenieros, médicos, dentistas, economistas, etc los que marchan. He conocido a jardineros, recepcionistas, albañiles, limpiadoras, cocineros, y un larguísimo etc. Algunos marcharon en busca de un futuro mas digno que el que podían obtener aquí, muchos buscando simplemente el futuro que aquí no tenían, los menos (como mi caso) mejorando el que ya disponían en nuestro país.


Se fueron, se siguen yendo, bajo la indiferencia de los que dicen van a traerlos, y lo que es peor de sus propios paisanos, que miran a otro lado mas preocupados quizás por la telebasura y la « hoguera de las vanidades ». Se marchan a hacer mas grandes los países para los que trabajan.


    Y esta sociedad nuestra, de memoria de pez, ha olvidado ya otros exilios anteriores ocurridos en los años 40 y 60 del siglo pasado. Esta sociedad nuestra, indiferente hasta el extremo, vuelve a permitirse que otra generación quede gravemente mermada por la marcha de sus hijos. Esta sociedad nuestra, conformista hasta el hastío, mira hacia otro lado y acepta cualquier cosa con tal de tener su « fiesta en paz ». Y mientras tanto, se marcharon para no volver y lo seguirán haciendo.


    Me revuelvo con rabia, sobretodo porque esto, en países como el que he vivido (en Francia) no se podría sostener. Porque en otras sociedades como la que he vivido, celosas de lo suyo, con memoria de elefante y no de pez, los que gestionan mal su quehacer público son castigados, en lugar de vanagloriados o lo que es peor, justificados. Me revuelvo por este mi país, a la vez que me alegro por todas esas mujeres y hombres valientes, inconformistas y trabajadores, esa otra España, que ha encontrado ese futuro mejor cruzando la frontera, y les aplaudo con ganas.


    Los que olvidan su historia están condenados a repetirla, y esta sociedad nuestra de memoria de pez, esta condenada a vivir para siempre su « día de la marmota » y a repetirla una y otra vez, como ya pasa. Esta será otra generación perdida y olvidada, y así cuando dentro de no se cuantos años, la historia vuelva a repetirse, alguno de los que hoy se han ido, ya mayor, les dirá a los nuevos exiliados, como me ocurrió a mi en Francia, cuando les oiga hablar español, « oye yo también soy español, me vine hace… ya casi no lo recuerdo ». Fin de la historia.


    No sé si la siguiente generación será capaz de corregir este inmenso despropósito, no soy demasiado optimista, quizás no seamos buenos educando en ese sentido, o quizás a nadie le interese que esto cambie. En el fondo, a quien le importa? Y así nos va!

 

Bon courage!

 

PS: A aquellos zafios que piensan que me insultan o desprecian denominándome « el francés » en cadenas de  mensajes watshap, les digo que me siento orgulloso y lo adopto como apelativo.

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