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Manuel Juliá
Lunes, 28 de agosto de 2017

La náusea separatista

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Por Manuel Juliá

Quizá la palabra menos dura que se puede decir es impúdico, aunque también podría decirse miserable, obsceno, de una hipocresía aplastante, de egoísmo amargo... Es la sensación que da el separatismo catalán, con una extraña y mórbida euforia por el hecho de que el atentado les haya dado la posibilidad de mostrar al mundo su eficacia policial frente a la ausencia del Estado. Esto lo han declarado muchos portavoces del separatismo, empezando por el principal, un Puigdemont eufórico por haber conseguido un puente hacia el mundo que hasta ahora era un hilo de sombra. La oscura deslealtad que contiene su entrevista en el Financial Times no asombra, porque pocos son los que esperaban algo bueno de ese personaje sin otro sentimiento que la separación de España. Incluso se ha considerado el hecho del uso del catalán como una legítima victoria de no sé qué, cuando la lógica más humana dice que lo importante no era reivindicar nada, sino llevar en el menor tiempo posible la información al mundo, a las víctimas, a sus familiares, a todos. Por eso habría sido normal que se hubiesen usado las dos lenguas desde el primer momento. Hay que ser obtuso para obviar que el castellano lo hablan en el mundo casi seiscientos millones de personas. Pero la tentación era demasiado fuerte. Incluso algún político obsesivo separatista sacó pecho porque en muchos países hubieran tenido que usar traductores de catalán, pues el primer día, ante la caraja del Gobierno, esta fue la única lengua oficial.

 

Me parece miserable, indigno, cruel, de una bajeza moral terrible, esta evidencia. Da un asco difícil de no expresar. Qué otra cosa puede dar a gente sana escuchar o leer que la eficacia de la Generalitat, en esta terrible matanza yihadista, es un ejemplo que favorece a las ansias separatistas, que ha reforzado su propuesta de dar un portazo a España. Citan un reportaje de The Wall Street Jornal, en donde se dice que la investigación policial y la caza de los terroristas ha proporcionado al Gobierno catalán una ocasión para demostrar su principal argumento, que puede gobernar con independencia de Madrid. Claro que lo que no dice esta gente es que las fuentes y firma aclaran mucho. Aparece una tal Eulàlia Comas Codina, estudiante de 21 años de Barcelona, o Ferran Requejo, del CATN (Consell Assessor per a la Transició Nacional), el órgano para preparar la independencia. El artículo lo firma Marina Force Castells (un vistazo a su perfil en Facebook, es esclarecedor) quien trabajó durante dos años (2015-2016) para la ultranacionalista y subvencionada Racó Català.

 

Miserable, no me canso de decirlo. Como también lo han sido las palabras del cura (qué estupidez, darle munición al separatismo) o el alcalde del Partido Popular, con razones que a los separatistas gustaría fuesen más generales. Pero por encima de estos versos sueltos de gente lenguaraz, existe una estrategia, la de estos tipos tan obsesionados (ese Jordi Turull con esa boca panfletaria) con el rechazo a España que hasta algo tan desgraciado como los asesinatos en Las Ramblas lo ven susceptible de ser aprovechado. Pisan la moral porque creen que el fin justifica los medios. No quiero ni imaginar adonde conduce esa forma de pensar. Ortega y Gasset decía que el nacionalismo iba a ser un dolor de cabeza para España. Ahora también de estómago. Pues como está actuando esta gente es que da náuseas.

 

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