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Luz de La Mancha
Viernes, 27 de octubre de 2017

Luz de La Mancha organiza un paseo Real por el Valle de Alcudia, Sierra Madrona y las Tablas de Daniel

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Los días 24 y  25  de Octubre, la Asociación Luz de la Mancha llevó a cabo un viaje de Respiro Familiar que consistió en visitar el Valle de Alcudia, Sierra Madrona y las Tablas de Daimiel.  Un recorrido por la naturaleza para conocer fenómenos naturales y  huellas humanas de la Prehistoria, por lo tanto, un viaje peculiar que disfrutamos a tope  y aprendimos muchas cosas.  El autocar, con 35 personas entre las que había  algunas con  TMG y otras que eran familiares y amigos,  provenían de  cinco pueblos de la Comarca Mancha Centro (Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Miguel Esteban, El Toboso y La Solana) y todos mostraron sus gran satisfacción por el viaje realizado.



            Después de recoger a los viajeros en Campo de Criptana y Alcázar de San Juan,  llegamos la Valle de Alcudia y el guía turístico, Victoriano, nos informó que el primer alto en el camino sería en la pedanía de la Bienvenida, dependiente de la villa de Almodovar de Calatrava, pequeña aldea, en la que visitamos los restos excavados de una ciudad romana,  Sisapo, Los restos más visibles pertenecen a una casa de un personaje importante, llamada la casa de las columnas rojas, debido al color de la piedra con la que se construyó toda la ciudad y un resto de una muralla de un kilómetro que la circunvalaba, lo que nos indica, dijo el guía,  la importancia de la misma como  centro de la gestión minera de la zona.  Los romanos explotaban minas de cinabrio, de plata y de mercurio y  el centro gestor era Sisapo.



El color rojo de las piedras provenía de los tres Castillejos o  conos  volcánicos que  estaban al lado de la ciudad, estando en uno de ellos, la cantera de la que  extrajeron y esculpieron los sillares para la ciudad.  Por primera vez, escuchamos  de boca del  Victoriano, que  Ciudad Real era la primera provincia de la Península con más actividad volcánica y la segunda después de Las Canarias. En concreto,  existen más de 300 conos volcánicos, la mayoría con actividad interior pero sin salida al exterior.  Los tres conos volcánicos o Castillejos de la Bienvenida, eran una muestra de lo que había diseminado por toda la provincia.  Las piedras volcánicas producidas por la salida y enfriamiento de la lava, son las que tienen ese color rojizo y son de dos tipo: lisas cuando se originaron por enfriamiento de la lava que discurría por la ladera del volcán y granulosa cuando se producían por la lava que, debido  a la explosión, era  lanzada hacia arriba y luego caía enfriándose.  La verdad es que visitar todo lo relatado, supuso un gran paseo que nos dejó cansados pero felices.



Después cogimos el autocar y nos fuimos hacia la finca privada que conserva una encina de mil dos cientos años. También fue una aventura, porque en torno a la encina,  había doscientas vacas y sus terneros pastando y cruzándose en nuestro camino. Algunas personas desistieron de la visita por miedo a los animales, pero la mayoría, con la ayuda de la guardesa de la finca, Montse, nos atrevimos, no sin  miedo en el cuerpo, a  recorrer el camino que llevaba a la encina milenaria. Mereció la pena ver este ejemplar, muy escaso en la península, de tanta longevidad,  dañado por el rayo y las condiciones del clima, cuyo ramaje deba  sombra a  unas mil ovejas, de ahí que también se le conozca por “la encina de las mil  ovejas”.  Apasionante la excursión entre vacas y encinares.



A las  14,45 horas, llegamos al Hostal de Marco, en la localidad de Fuencaliente,  donde habíamos reservado la comida. La atención fue excelente, la comida copiosa y el precio muy económico,  algo que agradecimos fervientemente, después de la caminata de la mañana.  Por la tarde, el guía nos llevó a Sierra Madrona,  para ver unas pinturas rupestres que son las segundas más importantes de la península, después de las de Altamira. Le llaman “la capilla Sixtina del arte rupestre esquemático” de la península y se encuentran en el abrigo de Peña Escrita, un acantilado de rocas con entrantes y salientes. No  están al resguardo de una cueva como las de Altamira, sino al aire libre, lo que las hace especialmente frágiles.  Están datadas de entre 3000 y 5000 años (las de Altamira son de hace 14000 años) y el guía nos ilustró comparando ambas pinturas para dejarnos ver como éstas reflejan la evolución de los seres humanos a través de 10000 años.  En Altamira dibujaban animales como rito mágico para hacer próspera la caza,  En Peña Escrita se dibujan seres humanos, hombres y mujeres y, algunas de estas, pariendo, lo que indica la evolución del icono mágico hacia el fenómeno de la reproducción.  Llegar a Peña Escrita fue toda una aventura de esfuerzo para escalar por un camino de cabras hasta la cima.  Algunos viajeros desistieron de subir pero la mayoría no dudaron en hacerlo a pesar del esfuerzo que conllevaba. De ello queda constancia en las fotos que grabaron el momento de la llegada.



Después de ver las pinturas rupestres,  el autocar nos llevó a Almagro, donde íbamos a pasar la noche en el Palacio de los Condes de Valparaíso que, después supimos por experiencia propia, que de bonito sólo tenía el nombre y la estructura arquitectónica del edificio, porque la parte hostelera dejaba mucho que desear:  Habitaciones muy pequeñas,  servicios con mal olor de tuberías, techos desconchados, duchas estrechísimas sin dispositivos para dejar el champú o el jabón y la esponga, tazas encajonadas y ausencia de bidet  debido a la pequeñez del espacio y  lavabos con dispositivos de cierre del desagüe en malas condiciones.  Las habitaciones de matrimonio, solo debían su nombre el colchon, puesto contra la pared, sin mesitas porque no cabían, y sin ninguna comodidad, pues si el miembro de la pareja que dormía al lado de la pared, tenía que levantarse por la noche, tenía que saltar por encima del/la compañero/a o despertarle para que le dejara salir.  En fin, peor que en una pensión de  mala muerte.  Pediríamos a la Diputación Provincial que vigile mejor a la empresa concesionaria para que la calidad del servicio se adecúe al maravilloso edificio que le alberga y la nombre de prestigio que  posee. Por el bien de la Diputación, de los visitantes y de Almagro, que lo merecen.



Al  día siguiente, después de un copioso desayuno típico de chocolate o café y porras o churros, salimos para las Tablas de Daimiel  en las que, después de ver la exposición interesante que aloja el Centro de Visitantes,  elegimos el Itinerario 2 (con distintivo amarillo) que dura una hora y media, y nos dimos un largo paseo entre cañaverales,  árboles de distintos tipos, y diversa fauna de patos, garzas y  flamentos (hay muchos más animales entre los cañizos y eneas, pero no se ven.  Lamentablemente, el clima que padecemos y otras circunstancias, hace que las tablas estén secas, sin apenas agua, aunque pudimos ver a lo lejos el lugar por donde los ríos Gigüela y  Guadiana se juntan. Allí si había una gran extensión de agua, pero nuestro itinerario no llegaba hasta la orilla y nos conformamos con verlo desde el mirador.  Vistas las Tablas de Daimiel, ya cerca de mediodía,  regresamos a  casa, muy cansados pero muy contentos de la excursión que habíamos realizado, lo que habíamos visto y aprendido.

 

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