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José Corredor-Matheos
Martes, 28 de noviembre de 2017

Crónica de una creación

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El Premio Nacional de Poesía, el alcazareño José Corredor Matheos, ha realizado este artículo sobre la exposición de pintura y escultura de Miguel Lisbona que se ha inaugurado en la Casa de Cultura de Alcázar de San Juan.

El artista, en general, rememora, sin saberlo y sin que muchas veces pueda apreciarse en la obra acabada, la creación del cosmos. Miguel Lisbona, en esta exposición, nos sugiere ese proceso. No se trata de algo voluntario, puesto que los mejores logros de todo artista obedecen a un impulso interior del que no es plenamente consciente. Primero se nos muestra la rememoración del momento inicial del caos originario. Aparece la reverberación de un magma que casi no es todavía material, sino energético. Una madeja de grises que revelan el fondo más oscuro, de donde la forma irá apareciendo lentamente, en un proceso coherente.

 

Tanto la configuración formal como el crecimiento cromático se desarrollan paralelamente, en la materialización del cosmoscuadro. Como en el cuadro con cuatro barras verticales, de una coloración suave de tonos entreverados, que nos indica el rigor con que se produce este proceso. Lo primero es el espacio; luego vendrá el color y a continuación la forma. Una forma que crea el color, como por sí mismo; no la forma, autónomamente. Se trata de una pintura dibujada con el mismo color.

 

Una vez se ha manifestado el color del todo se tratará en tonos suaves de azul, mezclados con grises, pero que en ese proceso resultan leves y delicados. Como anteriormente, la forma se consolida con la intensificación del color: rojos y ocres muy vivos, verdes, azules. Sobre fondos de tonos más suaves, formando un contraste generalmente acusado. Finalmente pueden aparecer esbozos de figuras que por su verticalidad, nos sugerirán la figura humana, como vemos en la pintura que aparece en el cartel de esta exposición.

 

Este artista, dotado del sentimiento de la pintura de la que hablaba Ramón Gaya, domina también el dibujo figurativo y lleva con mano firme este lento y riguroso proceso de una obra de calidad que viene a ser, como en toda creación artística, la rememoración de la creación de su propio mundo, a un tiempo interior y exterior, mental y tangible, todo lo material y espiritual que requiere la obra de arte.

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