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Antonio Leal Giménez
Martes, 19 de diciembre de 2017
Encuentros en la Castelar

Hoy, con Benjamín Montesinos Comino (Doctor en Ciencias Físicas, Astrofísico e Investigador científico en el Centro Astrobiología CSIC- INTA)

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Por Antonio Leal Giménez

Benjamín Montesinos Comino (Alcázar de San Juan, 1960). Es Licenciado y Doctor en Ciencias Físicas (1987) en la especialidad de Astrofísica por la Universidad Complutense de Madrid. Durante seis años trabajó en el Departamento de Física de la Universidad de Oxford. Fue director durante siete años del Laboratorio de Astrofísica Espacial y Física Fundamental (LAEFF).  En la actualidad es Investigador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y desarrolla sus actividades en el Centro de Astrobiología, en Madrid  Sus líneas de investigación son la física solar y estelar, en particular el estudio de estrellas similares a nuestro Sol, intentando entender los pasos evolutivos previos a la formación de sistemas planetarios. Tiene más de 100 publicaciones científicas y es coautor de dos libros de divulgación científica. Es colaborador habitual de la Fundación la Caixa, el Planetario de Madrid, emisoras de radio e imparte regularmente charlas en colegios e institutos. Desde enero de 2017 es Vicepresidente de la Sociedad Española de Astronomía.

 

 

PREGUNTA. ¿Cómo se ven las estrellas desde el Cerro de San Antón en una noche de verano?

 

R. Ante todo, quería darte las gracias por invitarme a este paseo por la Castelar.

 

Aunque el cerro está bastante cerca de Alcázar y debido a la contaminación lumínica el  cielo no es todo lo oscuro que uno desearía, si miramos en dirección a la gran llanura que se extiende a espaldas del cerro sí podemos ver montones de estrellas. ¡Pero podríamos ver muchas más! Creo que muchas calles de Alcázar están demasiado iluminadas: si redujéramos algo el número de farolas y pusiéramos las luces adecuadas, podríamos recortar la factura de la luz que pagan todos los vecinos y a la vez poder disfrutar de un cielo más oscuro.

 

 

P. ¿Cómo se llega a ser astrónomo profesional?

 

R. Para ser astrónomo profesional el camino más normal es estudiar la carrera de Ciencias Físicas o Matemáticas, hacer el Máster correspondiente cuando se acaban los estudios de grado, realizar una tesis doctoral, marchar al extranjero una temporada y si se quiere volver a España, intentar -varias veces- superar una oposición u optar por contratos en centros de investigación profesionales. Es una carrera de fondo, una especie de maratón, además con muchos obstáculos, y hay que tener fuerzas para no desfallecer. Aunque el trabajo es apasionante, el número de plazas o contratos no es alto, y a la larga eso puede hacer -y de hecho así sucede- que mucha gente haya abandonado en el camino.

 

 

P. Más allá del saber que aporta, ¿cuál es la importancia práctica de la astrofísica?

 

R. Aunque efectivamente la astronomía (o astrofísica, nosotros no hacemos distinción entre las dos denominaciones) es un ciencia básica, en el sentido de que proporciona conocimiento como primer objetivo, muchos de los avances tecnológicos que se desarrollan en óptica, electrónica, nuevos materiales... para su uso en telescopios o en observatorios espaciales, pasan luego sin que nos demos cuenta a dispositivos de la vida común y corriente. Un ejemplo: si a los datos que proporcionan los satélites que se utilizan para darnos información sobre nuestra posición, mediante gps, no se les hacen correcciones que se derivan de la Teoría de la Relatividad de Einstein, los navegadores no funcionarían correctamente, nos darían posiciones erróneas. Es un buen ejemplo de cómo algo puramente teórico es ahora fundamental en la vida cotidiana.

 

 

P. ¿En qué campo de la astronomía trabajas?

 

R. Desde 1995 se han descubierto más de 3000 planetas, orbitando en torno a estrellas relativamente 'próximas' a nosotros. Mi línea de trabajo actual es el estudio de estrellas similares al Sol, pero más 'jóvenes', que se encuentran actualmente formando sistemas planetarios que con el paso del tiempo serán más o menos similares a nuestro Sistema Solar. Intentamos poner piezas en un rompecabezas muy complicado para dar respuesta a la pregunta de cómo se forman los sistemas planetarios que sabemos ya que existen alrededor de otras estrellas y cómo se formó el Sistema Solar.

 

 

P. España, al igual que otros muchos países, ha visto cómo se recorta el presupuesto para la ciencia, y muchos científicos jóvenes han tenido que emigrar para encontrar trabajo. ¿Qué le recomendarías a un joven alcazareño que esté planteándose ser científico?

 

Sí, los recortes han sido, y aún lo son, tremendos, de modo que ya desde el principio de la carrera investigadora los jóvenes se encuentran con dificultades. El número de becas para 2018 destinadas a realizar una tesis doctoral en astrofísica es absolutamente ridículo, para el año que viene unas 12 a repartir entre todos los centros de investigación españoles. Si se mira la escala de impacto de la producción astrofísica, España es la octava potencia mundial, solo por detrás de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Gran Bretaña, Francia, Italia y China, por encima de Japón y Rusia. Mi recomendación a un joven que desee ser científico, es que si tiene verdadera vocación, que trabaje duro en la carrera para poder lograr un buen expediente y así optar  a una beca, bien aquí o en el extranjero. Y que no se desanime... aunque es algo fácil de decir y difícil de cumplir.

 

 

P. La astronomíaha sido y es motor de nuevas tecnologías. Desde su invención a inicios del siglo XVII, los telescopios han aumentado de forma continua y espectacular su potencia. En pleno siglo XXI ¿qué nuevas técnicas de observación existen y qué nos permiten ver?

 

R. En la actualidad, con nuestros modernos telescopios podemos analizar la luz que emiten todos los objetos astronómicos, entendiendo por 'luz’ radiación en sentido amplio. En la vida corriente 'luz' es solo aquella radiación que podemos ver con nuestros ojos, es decir la que va del rojo al violeta pasando por todos los colores del arco iris, pero en astronomía, los rayos X, la radiación ultravioleta, infrarroja y las ondas de radio, son también 'luz'. Todos los objetos astronómicos emiten luz en todos esos 'colores' de modo que para comprender su física hemos de observarlos y analizarlos en todos ellos.

 

En los últimos dos años se ha abierto una nueva ventana en la exploración del Universo: la detección de ondas gravitatorias. Cuando se producen colisiones de objetos muy masivos y muy compactos, como por ejemplo agujeros negros, la Teoría de la Relatividad predice que el espacio en torno a esos objetos se distorsiona, se comporta como un ‘tejido’, y esa distorsión se propaga por el espacio como si fueran las ondas en un estanque cuando cae una piedra. Pues bien, ya somos capaces de detectar este tipo de fenómenos que no son luminosos, sino que involucran a la propia estructura del espacio, y que añaden una nueva herramienta a las tradicionales de las que ya disponemos.

 

 

P. ¿Por qué se cree que el Universo se originó con una gran explosión?

 

R. En la década de los años 20 del siglo pasado un astrónomo estadounidense, Edwin Hubble, descubrió que todas las galaxias se alejaban unas de otras, eso dió origen a la evidencia de un Universo en expansión. Una galaxia es una agrupación inmensa de estrellas, algunas, como la nuestra, la Vía Láctea, pueden tener hasta 200.000 millones de estrellas. La idea conceptual que se desprendió de las observaciones de Hubble es sencilla: si vemos que todas las galaxias se alejan unas de otras, al 'proyectar' la película del Universo hacia atrás, las galaxias se acercarían unas a otras, y llegaríamos a un punto, una 'singularidad', donde  las leyes de la física conocidas no se aplican. Ese instante se llamaría 'Big Bang', traducido al español como 'Gran explosión'.

 

 

P. ¿ Por qué las estrellas son de diferentes colores? ¿De qué depende que se vean más o menos brillantes?

 

R. Los colores de las estrellas dependen de su temperatura: las estrellas más rojas son más 'frías' (esto en términos astronómicos supone que la parte mas alta de su atmósfera está a unos 2000 grados), mientras que las más azules son más calientes, con temperaturas que pueden llegar a los 50.000 grados. Nuestro Sol es una estrella más bien ‘fría’, el gas del disco que vemos tiene una temperatura de unos 5500 grados. El hecho de que unas estrellas se vean más o menos brillantes depende de la distancia y de su brillo intrínseco. Dos estrellas exactamente iguales, colocadas una a doble distancia de nosotros que la otra, se verían con un cociente de brillos de 1 a 4, es decir, la más cercana la veríamos brillar cuatro veces más que la más lejana.

 

 

P. ¿Qué es un agujero negro?

 

R. Un agujero negro es el producto final de la vida de las estrellas muy masivas. Si tomamos a nuestro Sol como objeto patrón, existen estrellas que pueden tener hasta 120 veces la  masa de nuestra estrella. Cuando esas estrellas tan masivas acaban su combustible, sufren una violenta explosión, llamada supernova, en la que lanzan al espacio una gran cantidad de materia y energía. Si el objeto remanente que queda después de esa explosión tiene más de aproximadamente 5 veces la masa del Sol, toda la materia se concentra en un punto de una densidad tan extrema y con una fuerza gravitatoria tan grande, que ni la luz puede escapar de él, por eso los astrónomos llaman a estos objetos ‘agujeros negros’.

 

P. ¿Están muy lejos los planetas y las estrellas?

 

R. Desde un punto de vista astronómico, cuando comparamos el tamaño del Sistema Solar con el del Universo, a mi me gusta decir que las distancias en el Sistema Solar son realmente pequeñas y que los planetas están ‘a la vuelta de la esquina’. La distancia Tierra – Sol es de 150 millones de kilómetros: la luz del Sol tarda 8 minutos y medio en llegar hasta nosotros. La distancia Sol – Júpiter son 780 millones de kilómetros... pero como decía antes, esas distancias son pequeñas comparadas con otras que nos encontramos abriendo un poco más el zoom de nuestro objetivo al mirar el Universo. La estrella más cercana a nuestro Sistema Solar se llama Próxima Centauri, y está situada a 4,2 años-luz de nosotros, eso significa que cuando la miramos, su luz salío de allí hace poco más de 4 años y ha estado viajando todo ese tiempo hasta alcanzar nuestros telescopios. Pero para hacernos una idea, si intentáramos viajar hasta ella en una nave a la velocidad de un avión comercial, tardaríamos… ¡5 millones de años en llegar!, casi nada… Y esto es nada si consideramos las galaxias más lejanas que están a miles de millones de años-luz: la luz que ahora llega a nuestros telescopios salió de ellas cuando ni siquiera el Sistema Solar y la Tierra no se habían formado, hace unos 5000 millones de años.

 

 

P. ¿Cómo se estudian los objetos del universo?

 

R. La respuesta a esta pregunta se liga con la anterior. Los astrónomos, al contrario de lo que hace cada día un químico, un biólogo o un geólogo, no podemos traer a un laboratorio un trozo del Sol, o de una estrella, o de una galaxia. Solo los meteoritos, y las rocas que trajeron de la Luna los astronautas del proyecto Apolo, son las únicas muestras de material del espacio exterior que se pueden analizar en un laboratorio… ¿Cómo sabemos entonces tantas cosas del  Universo? A través de la luz. La luz tiene una gran cantidad de información, y gracias a los modernos telescopios y cámaras, y al avance en la astronomía espacial podemos hacer observaciones de muy alta calidad y luego, ya en nuestro centro de investigación, aplicar las leyes de la física que conocemos para intentar explicar lo que vemos.

 

 

P. El cambio climático ha llevado a posturas radicales por ambos extremos: los que creen que se debe exclusivamente al Sol y aquellos que lo atribuyen a la contaminación. ¿Cuál es tu opinión?

 

Creo que cada vez hay más evidencias de que la acción de los humanos sobre el clima es crucial. El Sol puede tener un papel más o menos importante, pero la cantidad de contaminantes que estamos poniendo en la atmósfera, prácticamente sin control y sin freno, es fundamental. Hay muchos informes que lo prueban, y cerrar los ojos a eso obedece claramente a intereses económicos a corto plazo más que a mirar por el planeta a largo plazo.

 

P. De un lugar de La Mancha a las estrellas.  A solo 49,8 años luz de nuestro planeta, la estrella Cervantes ilumina el firmamento .¿Qué ha significado para un astrónomo de Alcázar de San Juan, haber contribuido a poner a Cervantes y sus personajes en el cielo?

 

R. Contribuir a que oficialmente haya una estrella en el cielo que se denomine ‘Cervantes’ y que sus cuatro planetas sean ‘Dulcinea’, ‘Quijote’, ‘Rocinante’ y ‘Sancho’ fue una bonita experiencia y claro, el hecho de ser manchego le añade un poco más de satisfacción al éxito que conseguimos entre mucha gente que se implicó en esa tarea.

 

 

P. Las leyes de la ciencia bastan para explicar el origen del Universo. Parece que no  es necesario invocar a Dios. ¿Crees que se puede ser un buen científico y creer en Dios?

 

La ciencia y la religión son campos disjuntos: la ciencia se basa en observaciones que hay que explicar con las leyes físicas de las que se dispone en cada momento, o si no hay una explicación lógica, se pueden derivar nuevas leyes a partir de las observaciones. No hay artículos de fe, tan solo te apoyas en el trabajo de los colegas científicos que te preceden para seguir avanzando. La religión sí es una cuestión de fe, la ciencia no puede demostrar la existencia o no de Dios, de modo que ninguna de ambas debe invadir el ámbito de la otra. Hay científicos que creen en Dios y otros que son agnósticos o ateos, pero a la hora de trabajar en ciencia su método es exactamente el mismo.

 

 

P.  La integración de la ciencia en la cultura de las letras y la contribución de las humanidades a la reflexión sobre las actividades científicas y tecnológicas es la perfecta unión entre ciencias y las letras. ¿Qué papel juega la ciencia en la cultura?  ¿Cómo se desarrolla una cultura científica?

 

R. Desde hace mucho tiempo no solo los astrónomos, sino los científicos en general, estamos luchando por hacer ver que la ciencia ES cultura (las mayúsculas son intencionadas). Hasta hace muy poco, y todavía sucede en algunas ocasiones, la sección de ‘Cultura’ en los periódicos incluía noticias de literatura, pintura, cine, teatro, mientras que las noticias de ciencias se incluían en la sección ‘Sociedad’ al lado, como vi una vez, de noticias de moda. Afortunadamente esa  separación se va haciendo cada vez más pequeña, pero hay que seguir peleando. La cultura científica no es algo que se pueda crear de la noche a la mañana, hay que hacer mucha divulgación, hacer, desde la enseñanza primaria, la ciencia atractiva. Hacer ver que ni las matemáticas, ni la física ni la química son ‘rollos’ porque al final, aunque no nos demos cuenta, estamos rodeados de comodidades que han proporcionado la ciencia y la tecnología.

 

 

P. ¿Qué piensas que le diría Albert Einstein a los jóvenes de nuestro pueblo como despedida? y  a ti ¿ qué te gustaría decirles?

 

R. Pues la verdad, no sé muy bien qué les diría Einstein, en primer lugar porque la juventud actual es muy diferente a la que vivía en su época. En mi caso les diría que se esfuercen en todo lo que hagan y que tengan siempre presente que sin esfuerzo no hay recompensa. Algo que vemos ahora cuando lo comparo con los años en los que yo era más joven es que se ha perdido la cultura del esfuerzo, da la impresión de que las cosas se consiguen porque sí, y no es así. Les hablaría un poco de esto. Me dan también un poco de miedo las estadísticas que hablan de la cantidad de horas al día que los chavales dedican a las redes sociales, al uso masivo de los móviles y a la trivialización de los mensajes. Parece que cuantas más facilidades hay para comunicarse, más incomunicados están viviendo en mundos ‘virtuales’, donde, como sucede con los ‘famosos’, importa más si tienes muchos ‘me gusta’ en la redes, que otras cosas. He oído decir a muchos de ellos que si no estás en internet no existes, o que les gustaría ser ‘youtubers’ o ‘influencers’… Les hablaría a los jóvenes de la superficialidad de todo eso y de lo apasionante que es la ciencia y la suerte de poder dedicarse a ella.

 

Fotografía de Max Alexandre

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