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Antonio Leal Giménez
Viernes, 2 de marzo de 2018
ENCUENTROS EN LA CASTELAR

Hoy, con Jesús Perucho Lizcano (Doctor Arquitecto)

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Por Antonio Leal Giménez

Nacido en Alcázar, estudios de bachillerato en la Academia Cervantes con don José Candel y doña Paquita. Recuerda entre otros profesores al padre Yela y a doña María Antonia  Salmón, formidable profesora de Literatura. Alumno también de don Juan Ramos que le inculcó un enorme respeto por el estudio y el conocimiento. Y recuerdos también entrañables para don Antonio Cerro quien en los primeros años de Bachillerato  enseñó a su grupo de amigos a tocar la bandurria y la guitarra y  llegaron a interpretar «El sitio de Zaragoza». En nuestro encuentro caminaremos hacia los Palacios y Casas Solariegas más significativos en nuestro pueblo, con sus diferentes estilos arquitectónicos de edificios llenos de historia.

 

Poco amigo de contar detalles personales, lo explica así: «Lo más interesante en la vida de una persona es aquello que también  es importante para todos,  o al menos para una gran mayoría. Lo que se suele citar de cada uno es la anécdota, pero no se cuentan esas otras cosas que están en las profundidades del pensamiento y que nos definen mejor. Prefiero hablar de una de esas cosas más universales y por lo tanto comunes a todos. Por ejemplo, de lo que podríamos llamar «el sentido del espacio», o mejor «la experiencia del espacio». Esa sucesión de pequeñas emociones asociadas a los lugares en los que vivimos y donde nos movemos. Lo grande, lo pequeño, la luz, el sonido...Es mejor hablar de cómo cada lugar influye en nuestro estado de ánimo y en el de las personas con quienes convivimos. No es una cuestión muy determinante, pero si nos influye. En el fondo la vida de todos tiene una «puesta en escena»  parecida al teatro. Nosotros somos actores y los edificios y los lugares donde estamos también son actores mudos e inertes pero que están y se manifiestan con sus dimensiones, colores, formas y materiales. Hay quien ha definido la Arquitectura como la inmovilidad sustancial. Y en torno a esa inmovilidad expresiva se desarrolla nuestra vida, que es sobre todo acción. Y la acción tiene un lenguaje. Hay un lenguaje de la acción. Hay oraciones gramaticales que se componen de: pasos, silencio rumor, pájaro, voz lejana de niño, aire suave, olor a jazmín…Cada día, seamos conscientes o no, con lo que hacemos desarrollamos nuestro personaje, dando respuesta a las novedades de todo tipo que van surgiendo. Y cada día, uno tras otro, esa repetición de acciones nos define y nos relata a nosotros mismos cómo somos. Toda esa acción «teatral» se desarrolla en un escenario que es la casa, la ciudad y el paisaje. En ese escenario interviene en parte la arquitectura y comprenderlo y saber manejarlo es lo que más me ha interesado de esta profesión apasionante.

 

P. Desde ese punto de vista, ¿Cual es la faceta más interesante de la Arquitectura?


R.  Hay muchos aspectos importantes relacionados con los edificios, con sus autores, sus constructores, sus propietarios, las culturas en  las que se producen, … , pero en este momento, para esta conversación, lo que me interesa destacar es la emoción que la arquitectura proporciona en el lugar y para las personas para las que se produce. La emoción es la clave. Hay edificios tristes y otros no. Hay casas alegres y otras lúgubres. Sabes cuál es la clave para saber si una casa es buena?. Donde corren los niños. Los niños descubren en un instante si el lugar en el que están tiene la complejidad suficiente como para correr y esconderse. Las buenas casas son un mundo. Y son complejas.
    Por esa razón me interesó estudiar las estructuras de las formas literarias. Para aprender cuales eran las claves que hacían que un texto fuera dramático o cómico y poder aplicarlo. Yo quería hacer casas simpáticas. Donde se viviera bien. Donde el edificio aportara un plus de alegría para las personas que día a día lo usaran.

 

P. ¿Y lo has conseguido?    


R. Bueno, la emoción en la literatura o en el cine se  produce en unas condiciones distintas a las que el espectador tiene  en una experiencia espacial. En lo literario el espectador, en una actitud  pasiva, recibe una información que le llega de forma lineal. En una experiencia espacial el usuario es actor. La experiencia difícilmente es lineal y no es única. Se repite muchas veces, con recorridos aleatorios, y la información que se procesa a través de los sentidos es redundante e intervienen muchos sentidos: La Vista, con todos los matices   de luz, color, penumbra. El Tacto de las pisadas, el ritmo de los pasos, la temperatura del suelo. El Sonido, el ruido, el silencio. El Olfato… .
    La emoción, el estado de ánimo de la persona que usa un lugar está influido por esos matices. Hay suelos amables y blandos, luces amarillentas y cálidas, aromas a aire limpio y rumor del agua en el jardín con colores de flores. Y también existe lo contrario. Suelos duros y resbaladizos que despiertan una sensación de inseguridad, luces cegadoras que deslumbran y molestan. Ruidos monótonos, silencios inquietantes, …etc.

 

P. Citas primero el suelo. ¿Es tan importante?


R. Si. Es fundamental. En la Divina Comedia Dante camina con Virgilio por un paisaje imaginario que termina en el infierno y de vez en cuando ve a personajes con los que quiere establecer una conversación. Lo primero que define es el suelo: «…nos acercamos a una suave y fresca pradera…». Tienes que pensar que la mayor angustia es no tener suelo. El vacío es la nada. Lo comprendí cuando vi el Partenón, siendo profesor de Proyectos Arquitectónicos en La Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, fuimos con mi catedrático D. Francisco Javier Saenz de Oiza, uno de los mejores arquitectos españoles de todos los tiempos, y con un permiso especial nos dejaron entrar en el recinto de la rehabilitación. Allí, cerca del monumento, tocando las impresionantes piedras pudimos ver varias cosas importantes. La primera es que el plano de piedra que construye el basamento tiene una suave curvatura que se adapta a la curvatura de la línea del horizonte sobre el mar. La segunda es que las columnas se posan en ese suelo con la misma levedad con la que se posaría un mueble. El templo es el suelo. Si has estado en Tierra Santa puedes ver también que todos los lugares santos están construidos sobre la piedra que fue protagonista de cada uno de los hechos que evocan. El suelo es el lugar. La Arquitectura es la envoltura que facilita el uso del suelo.

 

P. Pero hay más cosas… La emoción no dependerá solamente del suelo …


R.Claro que no, disculpa. Para comprender bien de donde emana la emoción que la arquitectura provoca, vamos antes a descubrir como lo hace la literatura. Y es en la poesía donde mejor se puede apreciarla intensidad de un texto. Si lees unos versos como estos:

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Te das cuenta que en cada oración están contenidos todos los ámbitos espaciales. En color naranja está representado el espacio de lo pequeño, el tacto, que corresponde a lo lírico. En rojo, el espaciointermedio medido por la voz, que corresponde a lo épico, y en color azul el granespacio que empieza en los veinte metros y termina en el infinito, lo dramático. Todos esos ámbitos están juntos y actúan simultáneamente. Esa es la clave.
    En la arquitectura ocurre lo mismo. La percepción de esos tres ámbitos provoca una sensación de plenitud que no es completa si falta alguno de ellos. Viajando en tren, sentado en un vagón junto a la ventana, participando del ambiente del vagón y disfrutando del paisaje, esos tres ámbitos están actuando simultáneamente.
    En cualquier salón o restaurante se sabe cuál es el primer sitio que se ocupa y es en el que se dan con más claridad esas condiciones espaciales en las que se experimentan las tres dimensiones.
    Un ejemplo clarísimo de donde se produce esa plenitud al compartirlos es el templo cristiano.En lo espacial, el banco donde una persona se arrodilla, la nave donde reza la comunidad y el infinito horizontal que aparece en el retablo son un conjunto de esos tres elementos que se ha repetido durante miles de años. Esa repetición indica que funciona.
    En lo temporal se recrea un tiempo que valora el momento presente,  el pasado desde la creación y el futuro hasta la eternidad. El edificio construye eso. Teatraliza esa puesta en escena para recrear espacio y tiempo.
    La buena arquitectura favorece la aparición de muchos lugares en los que se den esas condiciones espaciales. La buena arquitectura busca la plenitud de las personas que usan los edificios. Busca despertar en ellos emociones positivas y simpáticas que les ayuden y para conseguirlo busca que haya el mayor número de situaciones en las que esa reunión de los tres ámbitos dimensionales esté presente. La máxima complejidad se consigue cuando además de muchos, es variado el repertorio de esas situaciones espacialmente completas que un edificio ofrece. Entonces es cuando los edificios de hacen hace inagotables y no los queremos dejar.

 

P. En tu faceta en la universidad como profesor. ¿Cómo debería ser la formación de los nuevos arquitectos? ¿Responden los programas de estudios que se imparten en la universidad a las demandas de la profesión? La formación de un arquitecto ¿debería ir más allá de las aulas de manera que los estudiantes conocieran personalmente las grandes obras arquitectónicas como una gran experiencia educadora?


R. La formación, para conocer con seguridad cómo se ejerce cualquier profesión, es interminable y alcanza toda la vida del profesional. De hecho el Sr. Sáenz de Oiza decía que el profesional «profesa» como cuando un monje entra en una orden y dedica su vida a profundizar y perfeccionar un modelo de vida. Una vida es poco tiempo para  descubrir y aprender todo lo que se puede saber de cualquier materia. De la Arquitectura también. Por eso lo realmente importante es la actitud con la que se inicia la formación y seejerce.
    Los programas de estudios inician ese camino y despiertan el interés en cada alumno en la  búsqueda de la verdad que está detrás de lo que se desconoce.  Aprender es apasionante. Sobre si los programas responden o no a las demandas de la profesión, no puedo opinar porque hace muchos años que dejé la Escuela pero creo que por encima de los programas están los profesores que son los que conducen y valoran qué cosas son las que importan. Por otra parte hoy día los alumnos aprenden mucho entre ellos compartiendo la inmensa cantidad de información que hay en las redes.
    Y citándole otra vez, Sáenz de Oiza decía que los estudiantes de Arquitectura no podían tener un laboratorio donde llevar a él los edificios  como muestras. Que el laboratorio debía ser un autobús que les llevara hasta ellos, Y es cierto porque es insustituible la experiencia de recorrerlos espacios, sentir su escala y tocar el material. La Arquitectura se experimenta con todo el cuerpo y en movimiento.

 

P. Parece ser que para ser arquitecto son imprescindibles, el optimismo y la curiosidad. ¿Puede ser optimista hoy día un estudiante de Arquitectura?


R. El optimismo y la curiosidad son imprescindibles para la vida de cualquier persona. Cómo no va a poder ser optimista un estudiante de Arquitectura. Todo el futuro está por hacer. Hay nuevos materiales, la gestión de la energía está haciendo cambiar muchos hábitos que parecían inamovibles, hay mucho que corregir de lo construido y urbanizado que ahora está obsoleto por los cambios técnicos y sociales que han transformado las sociedades este último siglo,… . Y hay que inventar. En todas las épocas ha pasado lo mismo. Parece que todo está hecho y muchas cosas no del todo bien, pero las sociedades, o mejor dicho, los individuos que las forman avanzan hacia adelante siguiendo ese impulso natural que transforma el mundo un poquito cada día. Cualquier faraón habría cambiado una pirámide por el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe o por un IPhone.

 

P. ¿Cómo trabajas la relación con el cliente y sus necesidades?     Cuál es la función que tiene el arquitecto en estos proyectos?  De las distintas áreas de la Arquitectura -privada, pública, urbana-, según tu experiencia ¿Cuál de todas ellas  está generando un impacto más representativo en el usuario actual?


R. La relación con las personas que confían en un arquitecto para hacer un edificio es compleja como todo en la vida. Para cada intervención hay varias soluciones buenas y el trabajo consiste en encontrar cuál de ellas resuelve mejor las necesidades de todo tipo que intervienen. En unos temas prevalece la opinión del arquitecto y en otros la del propietario de la obra. Pero en todos los casos el arquitecto debe acompañar con sus propuestas al promotor aportando soluciones que resuelvan todo lo mejor posible. Y el promotor elige.

 

P. ¿Qué opinión te merece la Arquitectura española? ¿Consideras que hoy en día hace falta contar con el apoyo de políticos inteligentes para poder cambiar el panorama de las ciudades, o que esto es responsabilidad de los arquitectos? ¿Qué crees que deberíamos cambiar?¿Qué opinas de la arquitectura social?


R. La Arquitectura española es buena y el nivel de la profesión está muy reconocido en Europa. Conozco muchos arquitectos que están trabajando en Inglaterra Noruega, Alemania, Suiza, Inglaterra (un hijo mío entre ellos). En España la formación es muy completa y esa amplitud de conocimientos es muy importante para resolver los problemas de todo tipo que se plantean al proyectar edificios.
    Respecto a valorar si son los políticos o los arquitectos los que toman las decisiones que influyen en la evolución de las ciudades hay que admitir que a lo largo de la historia la edificación ha sido siempre obra de la generación de personas que ocupa el poder.La ciudad es obra de «la cultura» vigente en cada momento y la crítica por comparación con otros modelos más modernos y novedososes permanente. Pero es lo que somos, y no se puede cambiar fácilmente. Los edificios duran cientos de años y los trazados urbanos, duran siglos. Muchos de los edificios construidos hace 200 años están habitados actualmente por personas que viven una realidad muy distinta de la que vivieron la generación que los construyó, pero los mecanismos de adaptación funcionan y cada generación se adapta a la realidad en la que nace para tomar impulso y mejorarla. Alcázar es un buen ejemplo: ciudad romana con veinte siglos. Nos gusta, sabemos cómo mejorarla y se hará. Toda la arquitectura es social.

 

P. Una obra puede cambiar una ciudad, como por ejemplo el Museo Guggenheim en Bilbao. ¿Cuál sería tu aportación arquitectónica que dejara huella, para que Alcázar de San Juan se convierta en una ciudad aún más atractiva, desde el punto de vista cultural y turístico?


R. Alcázar es una ciudad de servicios. Es un centro comercial con un Hospital comarcal, una Escuela de Maestría, varias fábricas importantes, bodegas, Adif, ….Creo que cualquier intervención encaminada a completar y mejorar la vida de esta ciudad debe tener eso en cuenta. Un Guggenheim no, mejor un Corte Ingles. O un tratamiento de la Castelar para potenciar aún más su carácter comercial. De todos modos la intervención debe dirigirse a los jóvenes que viven esta era de la comunicación. A Alcázar le vendría bien tener una Facultad que enseñara a gestionar el comercio en Internet para transformar su vocación de comercio comarcal en comercio internacional y podría convertirla en la puerta comercial al mundo de esta región.
    En lo industrial sería bueno que en una ciudad donde se han construido vagones de tren se pudieran  fabricar bicicletas eléctricas, máquinas para la viticultura o edificaciones prefabricadas.
    En lo cultural ha habido varias iniciativas, Sería estupendo para la ciudad que el Ayuntamiento retomara la propuesta que les hizo Isidro Parra para construir unas esplendidas piezas escultóricas dando forma a un circuito que resumiría con carácter monumental la historia de Alcázar. Paco Alonso de Santos propuso también hacer una o dos torres de servicios que siendo visibles desde una gran distancia marcarían como un faro lo hace Alcázar como un hito. También el Ayuntamiento en la época de Ángel Parreño siendo  alcalde Bódalo, estuvo interesadoen cubrir de una manera discreta la cantera que está en la ladera del cerro de los molinos uniéndola con las galerías del polvorín. Sería un espacio muy interesante dejando la roca viva. Y podría utilizarse entre otras cosas como un Auditorio especial. Allí caben muchas actividades que pueden ser complementarias y harían posible un uso continuo con distintos servicios vinculados a los molinos.
    En fin... Ideas y posibilidades hay muchas, pero para que una vez construidas funcionen es necesario que se gestionen bien. El Guggenheim no es solamente el edificio y el perro de flores, es también su gestión.Y para todo ello hacen falta personas ilusionadas con empuje que lo pongan en marcha y lo mantengan.
    Y aprovechando la difusión de El Semanal de la Mancha, traigo aquí una imagen de la posible torre de la iglesia de San Rafael para que si no hay otra propuesta mejor se pueda construir pronto.

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