Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Antonio Leal Giménez
Martes, 10 de abril de 2018
Encuentros en La Castelar

Hoy, con Ángela Sahagún Bonet (Conservadora- Restauradora de Bienes Culturales)

Guardar en Mis Noticias.

Por Antonio Leal Giménez

Estamos muy felices al encontrarnos hoy con Ángela Sahagún Bonet. Ella pasó sus primeros once años en la calle Hermanos Galera, jugando a la rayuela en la calle, sufriendo a las monjas en el colegio y disfrutando de la feria cuando se extendía hasta El Arenal. Después su familia se trasladó a La Castelar y sigue volviendo allí cuando puede, porque nada le ha hecho perder el amor a su pueblo.

 

Se casó con Mariano Domínguez Martínez (q.e.p.d.), MOÑIGÓN por excelencia. Su vida con Mariano comenzó y terminó en Alcázar.Lo conoció cuando empezó a entrenarla al baloncesto. Por entonces tenía 15 años y ya no se separaron hasta su muerte.  En su tiempo, los que los conocimos, habíamos establecido un arquetipo del matrimonio lleno de amor que consiguieron sobrevivir muchos años al enfrentamiento de caracteres que era constante, y donde la rutina brillaba por su ausencia.

 

María de los Ángeles, Panchi, es una mujer fuerte y de gran carácter; ella dice que algo cazurra, que permaneció apoyando a Mariano en los momentos más duros.Abandonó la carrera de Farmacia, por la que no sentía el menor interés,y se enorgullece de sus tres hijos y de su sobresaliente en el título de Conservadora de Bienes Culturales.

 

Sabe manejar sus emociones y tiene una bondad multiplicadora. Todo lo que no conoce, lo investiga. No se da por vencida casi nunca y no se deja llevar por lo que le digan, sino que se da a la tarea de indagar primero. No se ofusca cuando le vienen problemas. Respira hondo y sigue adelante. Piensa que todo pasará y que si no se solucionan, siempre puede comenzar y replantear. En un mundo dominado por el estatus, ella conoce muy bien que las posesiones van y vienen, pero sus valores permanecen. Su sonrisa dulce y moderada siempre le acompaña. Ponemos la grabadora en marcha y caminamos lentamente por la Castelar entre las antiguas farmacias de Sahagún y Moderna.

 

 

 

PREGUNTA. Han pasado algunos años y Mariano continúa cabalgando en nuestra memoria. Juntos marchasteis de vuestro querido pueblo para volver cuarenta años más tarde. ¿Te quedarás en el pueblo para siempre?

 

R. Nunca dejamos de venir, en cuanto podíamos escaparnos, volvíamos. Aquí estaban nuestros amigos, nuestra familia y, sobre todo, queríamos que nuestros hijos respiraran nuestra tierra y la hicieran suya también. Desgraciadamente, me faltan personas muy importantes: mis padres y Mariano… a veces me ataca la tristeza. A los tres los tengo aquí, así que mi ausencia es siempre temporal, porque en Alcázar siguen estando “los míos”.

 

 

P. A los alcazareños que conocíamos a Mariano nos mostraba su inmenso amor por Alcázar de San Juan. ¿Te producía algún tipo de celos ese amor de Mariano por su pueblo? ¿¿Te resultó difícil compartir un marido, mi amigo, amigo demuchos, con todos que los queríamos?

 

 R. No, celos de Alcázar jamás… en cuanto a los amigos, Mariano tenía corazón y humanidad para todos, así que decidí que sus amigos podían serlo también míos. Reconoce que es más agradable que estar luchando inútilmente.

 

 

P. La restauración es una de esas profesiones que siempre están en tela de juicio¿Cómo se siente la llamada de la restauración? No he oído a ningún niño decir: “de mayor voy a ser restauradora? ¿Cuándo nació en ti esa profesión?

 

R. No hay tal llamada. Siempre me gustó la pintura, pero la enorme facilidad que tenía mi padre para cualquier actividad artística me hizo que desestimara mis cualidades y no pensé en hacer Bellas Artes. Cuando descubrí La Conservación de pintura comprendí que podía ser mi camino. Siempre dibujé bien, pero me faltaba creatividad y eso es una muy buena base para estetrabajo.

 

 

P. Los alumnos de las Escuelas Superiores de Restauración y Conservación de Bienes Culturales obtienen un Título Superior mientras que los de las universidades obtienen el Grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales.  ¿Cuál es la situación actual respecto a la regularización y homologación de los estudios de conservador-restaurador?

 

R. Cuando yo empecé, la carrera estaba pensada para surtir de técnicos al Instituto Nacional de Conservación y Restauración. Al incluir la especialidad en una carrera universitaria, supongo que ahora recurren a ella.Aunque también existen centros privados que enseñan técnicas de restauración.

 

 

P. Existe una creencia generalizada de que ser restaurador es fácil y que no hacen falta títulos, ni estudios superiores, solo tener ciertas habilidades. ¿Qué piensas respecto a estas certidumbres?¿Consideras que sería necesario la puesta en marcha de un programa contra el intrusismo y la actividad clandestina en la profesión por parte de las distintas instituciones? ¿Qué medidas prioritarias adoptarías su tuvieras competencias?

 

R. Como es lógico, los conservadores desearíamos que el arte estuviera protegido de manos inexpertas y es exigible una titularidad oficial en el caso de obras del Patrimonio Nacional. Pero en el caso de obras de particulares, es muy difícil regular el acceso a su conservación. En cuanto a La Iglesia, debería obligársele a que conservara sus bienes artísticos con toda la contundencia de la ley. Cualquier obra de arte- o de calidad menor, es lo mismo- no es una propiedad privada con la que puedan hacer lo que cualquier poseedor de un cuadro familiar. La Iglesia, simplemente, es depositaria de un tesoro cultural, etnográfico e histórico y debe cumplir escrupulosamente con su guardia y custodia.

 

 

P. Respecto a la infravaloración de la figura del restaurador, parece que existe un gran desconocimiento en tu profesión y lo que hacéis. Popularmente se cree que sois pintores. ¿Qué consideras necesario que habría que hacer para paliar este hecho? ¿Realmente que se espera de vosotros?

 

R. No lo sé. Puedo decirte que yo no me considero restauradora, mi intención siempre ha sido la de conservar, no tocar apenas el original y respetar la autoría, ante todo. He procurado siempre utilizar los métodos menos agresivos y conseguir que las obras que cayeron en mis manos nunca fueran falsificadas o alteradas por mi intervención. Esa ha sido mi máxima y la que intenté inculcar a mis alumnos en la Escuela de Artes Aplicadas de Vitoria. Creo que ellos captaron ese mensaje y hoy puedo presumir de que dos de mis alumnos terminaron la carrera de Bellas Artes y son unos de los más valorados conservadores en España.

 

 

P. ¿Cómo controla su pasión creadora un artista dedicado a la restauración? Como artista, ¿qué te gustaría que el restaurador tuviera en cuenta a la hora de tocar tu obra? ¿Para ti qué es la belleza?

 

R. Creo que ya te he contestado a eso. Es una cuestión de disciplina y de convicción. Y, sobre todo, de respeto. Y ese respeto ha de ser para cualquier obra que caiga en tus manos: Goya o Pepita Martínez… obviamente la responsabilidad no es igual, pero el respeto ha de ser el mismo, sea cual sea la belleza de la obra que tengas en tus manos.

 

P. Hace unos días tuve ocasión de ver un documental sobre una “reproducción” de un fresco de Miguel Ángel en una pequeña iglesia y tras una semana en un andamio uno de los pintores tuvo que acudir a urgencias por los terribles dolores que tenía, acabando el fresco con collarín. ¿Cómo lucháis con eso?

 

R. Sólo en una ocasión restauré un fresco, a veintitrés metros del suelo y colgada de un andamio… y la verdad es que no es cómodo, pero no más que otros trabajos. De hecho, al poco tiempo,desaparecía el vértigo y olvidábamos utilizar los arneses de seguridad.

 

 

P. Imagino que una cosa es restaurar en taller o laboratorio y otra hacerlo in situ¿Cómo influye esto en ti cuando estás restaurando?

 

R. Reconozco que a mí siempre me ha gustado restaurar en equipo: las campañas de restauración en museos, con el Instituto Nacional, eran geniales. O las que organizamos en Vitoria.La investigación sobre la obra puede llevarte a historias fascinantes.Incluso lo de andar colgados de arneses para restaurar los techos y retablos era una experiencia fantástica. Todo ello era más emocionante que el trabajo callado y concienzudo en el estudio, pero igual de importante.

 

 

P. Cuando te pones frente a un lienzo o a una escultura de varios siglos de antigüedad¿qué es lo primero que pasa por tu mente? Me imagino que, antes de acometer la obra, estudias detalladamente al autor y su época¿Hay alguna obra que tu admiración hacia ella te impediría restaurar?

 

R. En principio sentía un pánico que, gracias a Dios, se desvanecía ante el reto de conservar esa obra. Nunca me he dejado vencer por el miedo, así que supongo que no habría ninguna pintura con la que no me atreviera… no sé. Antes de trabajar en un cuadro se debe hacer un estudio exhaustivo de su composición, la técnica utilizada, el estado de la obra, pruebas de limpieza y un largo etc...que te dan seguridad en tus decisiones.

 

 

P. Desde el siglo XIX, los cambios filosóficos, políticos y tecnológicos han influido en el arte, encabezando una revolución estética e intelectual por parte de los artistas, provocando una percepción diferente por parte del consumidor, y exigiendo una manera diferente de intervenir por parte del restaurador. ¿Cómo luchas contra la tentación de rectificar, de crear, cuando estás a solas con la obra que no siempre representa una ejecución acorde a la ortodoxia de la época?

 

R. Nunca he sentido esa tentación, ni he consentido que el valor monetario o la crítica artística de una obra modificaran mi actitud y mi responsabilidad como conservadora. Hay que “Conservar” siempre, ya sea para preservar a los manieristas de la Escuela de Fontainebleau o para enfrentarse al espíritu rebelde y destructor dadaísta.

 

 

P. Cuáles consideras que son los próximos retos de la profesión, señalando un cambio de paradigma respecto a los períodos anteriores, ya que en la actualidad se enfatiza más el carácter social del patrimonio, lo que conlleva el interés no sólo por la materialidad del objeto restaurado y por la preservación de sus cualidades físicas, sino también por la incidencia que pueda tener una restauración socialmente.

 

R. Hace tiempo que no estoy en activo, y confieso que he visto restauraciones últimamente que me han producido mucha pena. Hay una tendencia clara de intervenir demasiado en las obras, para dejarlas como “nuevas”. Limpiezas agresivas que olvidan que el tiempo también pinta y ennoblece…  bueno, admito que soy muy estricta en lo de que no se debe falsificar ni inventar nada en las intervenciones. Echo de menos esa filosofía en las nuevas restauraciones, sobre todo en arquitectura.

 

 

P. Tu relación con el arte se regía por la sensibilidad, transcendiendo la sensación inmediata. El mundo de Mariano y sus relaciones en el que participabas se movía más por la inmediatez. ¿Cómo la compaginabas?

 

R. Mariano tenía su propio concepto de la belleza y de la sensibilidad.Entre un bodegón pintado por Rivera, o un bodegón que se pudiera comer, lo tenía claro. Era una persona que vivía con toda la intensidad de sus cinco sentidos. Tenía una sensibilidad increíble para la música, para la gastronomía, para la gente. Adoraba la vida y la disfrutó hasta el último momento. Seis días antes de morir, cuando la enfermedad ya le había mermado cruelmente, quiso ir a una fiesta y aguantó hasta las dos de la mañana, disfrutando de sus amigos. Como siempre. Confieso que esa vitalidad a veces me agotaba, pero siempre me ha enriquecido.

 

 

P. Antes se decía que junto a un gran hombre hay una gran mujer. Ahora se combina con que junto a una gran mujer hay un gran hombre¿Cómo lograste mantener la libertad individual en vuestras relaciones?

 

R. Creo que es muy necesaria la confianza mutua. Luego, poco a poco aprendimos a respetar nuestro espacio. Además, Mariano viajaba mucho por su trabajo y eso nos ayudó a reencontrarnos con alegría y, hay que reconocerlo, a decirnos a veces “hasta el viernes”, también muy contentos.Yo creo que debería ser obligatorio para las parejas ese ir y venir para no desgastarse nunca.

 

 

P. En la segunda parte, capítulo XXV dice Don Quijote: "Doy gracias al cielo que me dotó de ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a hacer bien a todos y mal a ninguno". ¿Cómo te resultó esta conducta que Mariano aplicaba en cada momento de su vida?

 

R. Fue una de las cosas que más me gustaron de siempre en Mariano: jamás le oí hablar mal de nadie y, si alguien le necesitaba, ahí estaba mi chico para echar una mano. Lo cierto es que Mariano dejó mucho cariño prendido en las gentes. En su pueblo y en el que le adoptó. Haro le rindió un homenaje impresionante.Me consuela saber que no sólo yo le sigo echando de menos.

 

 

P. Muchas gracias Panchi, por permitirme entrar en tu intimidad. Ahora despídete de nuestros amigos alcazareños.

 

R. Sólo una cosa, aprovechando este espacio que me has dedicado… ¿Quién es el responsable de ese engendro que han perpetrado en la iglesia de San Francisco? De verdad, es de juzgado de guardia. Espera, recompongo esa dulce sonrisa que me adjudicas con un “Hasta siempre, os espero por La Castelar”.

 

El Semanal de la Mancha • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress