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Antonio Leal
Viernes, 1 de febrero de 2019
ENCUENTROS EN LA CASTELAR

Hoy, con José María López-Gil Escribano (Una mirada desde el pasado hacia el presente en el ejercicio del Magisterio)

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Por Antonio Leal Giménez

Su primer trabajo remunerado lo recibió en la desaparecida Academia Balmes, como vigilante en una gran sala [Img #66797]de estudio donde acudían los alumnos cuando no tenían clase en horas escolares; también recogía los partes de asistencia de los alumnos firmados por los profesores. Allí pasó una etapa muy importante en su vida iniciándose su aprendizaje en la docencia, a la par que terminaba sus estudios de Magisterio y preparaba oposiciones. Camuñas y Móstoles, junto a su querida Alcázar de San Juan, son lugares muy entrañables para él. Las reglas, palmadas y coscorrones fueron solo algunos de los castigos usados por los maestros de antaño para “educar” a sus alumnos. El castigo corporal antes era una forma común de enseñanza que algunos profesores creen que fue la base para el éxito de sus alumnos, aunque José María nunca lo ejercitó, sino todo lo contrario: Con su manera de entender la docencia  fue capaz de conseguir que los alumnos no le tuvieran miedo a preguntarle y pedirle consejo cuando lo consideraban necesario.

 

Entiende que la responsabilidad no es precisamente un rasgo exclusivo que deba tener el maestro, sino que debería ser común a la totalidad de la vida, en lo personal, y a la totalidad de las profesiones. Y es que, el maestro trabaja con alumnos, y si la responsabilidad es siempre importante, en este caso mucho más. Tiene claro que había que ser puntual, paciente, y se entusiasmaba con su trabajo, su formación era continua y se preocupaba constantemente de motivar a sus alumnos y de evaluarlos con la cabeza y con el corazón, buscando siempre lo mejor para ellos y su futuro. La habilidad de atraer la atención en un aula llena de  alumnos le hacía diseñar clases interesantes, frescas y actuales, promoviendo la curiosidad y el aprendizaje fuera del aula. Siempre trataba de ponerse en el lugar de sus estudiantes, ver las cosas desde su perspectiva y ayudarles a desarrollar las habilidades y aptitudes que les permitiera madurar y superar con éxito los desafíos.

 

Poseedor de una gran facilidad de comunicación que la transmitía con cordialidad y cercanía. Mantenía con cierta entereza el respeto necesario que todo maestro ha de tener y estaba lo suficientemente motivado para afrontar todos los días los retos necesarios para dar siempre lo mejor de si mismo. Como ser humano, cuando se equivocaba lo reconocía con humildad lo que le daba una mayor confianza. Nos resume que la docencia se basa en una perfecta combinación de aptitudes y conocimientos y, sobre todo, que con su intervención generen la suficiente curiosidad y motivación, para que sus alumnos continúen dedicando el tiempo necesario para su formación y desarrollo profesional. José María supo entregarse a los alumnos lo que le convirtió en un verdadero maestro que con el paso del tiempo  pocos de ellos se han olvidado de él, porque sus enseñanzas calaron en ellos y todo aquello que nos transmitió lo hizo con verdadera vocación.

 

Hace veinte años que se jubiló y nos ha expresado sus vivencias desde una atalaya en la que solo divisa tres lugares, tres amores que invaden su alma cuando los recuerda: Alcázar de San Juan, ciudad natal, donde inició su carrera docente. Camuñas, siempre entrañable y donde todo estaba cercano y Móstoles, ciudad en la que alcanzó su “jubilo” y reside en la actualidad.

 

En el recreo del Colegio de la Santísima Trinidad iniciamos nuestro encuentro peripatético, donde el maestro paseaba con sus discípulos  reflexionando, en este caso, sobre una de las más nobles profesiones donde se enseña y aprende de los niños.

 

 

 

PREGUNTA: ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros días de maestro? ¿Cómo eran los alumnos entonces? Te sientes feliz cuando dices a todo el mundo: ¡Yo fui maestro!
RESPUESTA: Mi vocación se despertó en Alcázar de San Juan. De vigilante en la sala de estudios, que tú, Antonio, muy bien recuerdas, pasé a impartir clase en un aula donde sólo había niños. De mis primeras experiencias recuerdo varias cosas: Todavía pongo cara y nombre a muchos de mis primeros alumnos, los partidos de fútbol y de frontón que jugaba con ellos, la creación de la biblioteca, alguna excursión, siempre en jueves al Cerro de San Antón y dedicar los últimos diez minutos a leer, en voz alta, libros interesantes.
    Santiago Ramos Plaza, me recuerda este aspecto cuando hablamos. Las lecturas le encantaban y fueron la semilla que influyó para convertirlo en el gran escritor alcazareño que es hoy. Me uno a todos aquellos que deseamos que sea nombrado Hijo Predilecto de nuestra ciudad.
    En septiembre de 1959 tomo posesión de mi plaza en Camuñas (Toledo). En el curso 1962-1963, establecimos la enseñanza mixta.  Si los niños y las niñas iban y venían juntos a la escuela, si jugaban juntos, ¿por qué no podían convivir juntos en el aula? La enseñanza mejoró notablemente. Disponíamos de alguna ayuda del Ayuntamiento, de la Hermandad Sindical y, sobre todo del reconocimiento y del respeto de los padres que, incluso, nos agasajaban con regalos en determinadas fechas. Disponíamos de biblioteca, pesas y medidas, microscopio (¡eran los años 60!) y medios técnicos para enseñas francés.
    Allí nacieron mis tres hijos. No olvido la celebración de San Marcos. Íbamos a ¨La Cabaña»  con todos los alumnos a pasar un día en el campo. Vuelvo a Camuñas en fiestas determinadas: Corpus y la recreación anual que se hace en recuerdo del famoso personaje Francisco Sánchez «Francisquete», más conocido por el «Tío Camuñas», guerrillero que luchó contra los franceses.
    En Móstoles prácticamente «estrené» el colegio que me asignaron. Aulas  amplias, luminosas, despacho para tutorías, comedor, laboratorios, calefacción…, todo ello me ayudó a desarrollar más cómodamente las tareas docentes. Fui un poco innovador en técnicas de desarrollo de habilidades  como: mímica, teatro, escenificación de romances acompañados de música y danza, concursos de narraciones y poemas… Incluso asistí con los alumnos a representaciones teatrales en Madrid y conseguía que vinieran al colegio actores famosos como Juan Diego, después de haberlo visto actuar el día anterior, en «Abre el ojo», del comediógrafo, Rojas Zorrilla.
    Como experiencia personal confeccioné una antología de textos literarios que los alumnos debían comentar, ateniéndose a una serie de preguntas escritas. Ahora trato de darle forma de libro a todos aquellos textos.


P. Ahora se sabe sobre la manera en la que los niños aprenden, sobre cómo funciona el cerebro en los primeros años de vida, sobre cuáles son los problemas de aprendizaje, sobre cómo han cambiado su manera de relacionarse y de actuar. ¿Cómo debería afrontar  un  maestro este paso de la educación del pasado a la educación que hace falta hoy para el futuro? ¿Era el maestro de antes una autoridad? ¿Lo es ahora?
R.  No cabe duda que el maestro actual ha perdido autoridad, pero no deja de ser maestro y tiene resortes y conocimientos para adecuar la educación pasada a la actual, utilizando estudios y medios modernos para aplicarlos al aprendizaje contemporáneo.


P. Se dice que si los maestros quieren enseñar deberían estar siempre aprendiendo. ¿La formación continuada al profesorado debería ser obligatoria? ¿Cómo era el proceso de aprendizaje de un maestro hace cincuenta años? Los docentes siempre han hecho mucho con lo poco que disponen. ¿Continúan pagando un alto coste por no poder hacer lo que saben, que es enseñar?
R. Naturalmente. El profesor necesita ponerse al día, reciclarse se dice en la actualidad. Tampoco sería todo nuevo. Cuando se iba a implantar la Educación General Básica (E.G.B), la etapa educativa obligatoria  en 1970 que fue regulada por la Ley General de Educación y que continuó vigente hasta la entrada de la LOGSE,  el Ministerio convocó a todo el Magisterio, en las distintas provincias, para que pudiéramos asistir a cursos y, en ellos, actualizar los conocimientos y a emplear nuevas técnicas educativas; en definitiva, especializarnos en las materias que impartíamos.
    Algunos maestros, entre los que me incluyo por ejercer  aún en Camuñas, permanecíamos internos, de lunes a viernes, en la Universidad Laboral de Toledo, para evitar recorrer a diario largas distancias. Allí recibíamos clases impartidas por profesores universitarios. Todo esto era gratuito. También existían los llamados Centros de Colaboración que eran comarcales y a los que debíamos asistir los maestros de la zona.


P. ¿Seguimos teniendo un modelo de escuela del siglo XIX, docentes del siglo XX y alumnos del siglo XXI? ¿Crees que  es necesaria una reforma estructural, porque no basta con cambiar el programa de Lengua y Matemáticas?  ¿Hablaba el maestro entonces de despertar competencias, trabajar sobre habilidades y enseñar a pensar a los alumnos?
R. Los modelos van cambiando según los tiempos. ¿A mejor? Se debe evolucionar, aprovechando valores anteriores y potenciar las ventajas actuales, siempre en beneficio de los alumnos


P. En la actualidad, se afirma con frecuencia que, los docentes no están haciendo de la escuela  un lugar donde los niños quieran ir. ¿Qué hacía el maestro entonces para que esto no ocurriera? Hay quienes reconocen que la pedagogía ha vivido una gran transformación gracias a la tecnología y sus herramientas. ¿Cómo era la pedagogía en la segunda parte del siglo XX?
R. Emplear medios que los motiven. Hubo una época en la que se programaban actividades fuera del aula. Los alumnos iban solos, desde su casa, a cooperativas, fábricas, industrias, obras en construcción, durante un tiempo determinado. Tomaban datos sobre sueldos, producción, volumen, capacidad… Se regresaba a clase y se realizaban los ejercicios que el maestro había programado.  Los alumnos actualizaban los datos recogidos para realizar los ejercicios. Es decir, ACTIVIDAD. Posiblemente, en las ciudades había más dificultades para realizar este tipo de actividades, pero también se llevaban a efecto de forma ocasional


P. Uno aprende cuando está feliz y, en ese sentido, un maestro que no vaya feliz a trabajar jamás va a encontrar a los alumnos felices. En consecuencia, esos alumnos nunca van a tener ganas de ir al colegio. ¿Consideras que los maestros actuales son felices en el ejercicio de su profesión?
R. No puedo hablar con rotundidad sobre el maestro de hoy. Creo que el maestro actual encuentra dificultades en la propia sociedad. Me planteo con frecuencia muchas dudas y me gustaría contestar con seguridad las preguntas que me hago. ¿Colaboran los padres en mantener la autoridad del maestro? ¿Averiguan si es verdad lo que dicen sus hijos para justificar su bajo rendimiento? ¿Procuran, junto al maestro, que sus hijos, aprendan a ejercer  su libertad, sin olvidar su responsabilidad?. Si el maestro vive en tensión (amenazas, falto de colaboración…), dudo también de su felicidad.


P. A un maestro del pasado lo que verdaderamente le importaba  era que sus alumnos fueran buenas personas y que trataran a los compañeros con respeto. Después se exigía todo lo demás. ¿Qué le dirías a un profesor que no comparte tu opinión y que te dice que tiene que cumplir los programas y no tiene tiempo de hacer esas cosas que propones?
R. Un buen maestro, libre de trabas, sabe mezclar en su enseñanza, pautas de comportamiento, es decir, explicar su materia y formar a sus alumnos.


P. Los niños, desde Infantil, viven y se desenvuelven en el mundo de las nuevas tecnologías pero no se paran a racionalizar sobre su uso. ¿Cuál ha de ser el trabajo de un maestro? ¿Crees que los maestros deben educar para la vida, además de para el trabajo, y que no deben enseñarles a ser mejores que sus compañeros, sino a ser mejores que lo que eran antes?
R. Se deben aprovechar las nuevas tecnologías, pero, ¡ojo!, o limitemos con ellas su creatividad. No debe alimentar una equivocada competitividad, porque generará odios.


P. ¿Existe cultura de evaluación del profesorado en nuestro país? ¿Piensas que sería necesario establecer un sistema de evaluación regular del profesorado y ello conllevaría obtener mejores resultados entre el alumnado?
R. Más que evaluación, que pudiera ser o sonar a fiscalización, yo hablaría de reciclaje, una especie de Centros, donde se hablaran de nuevas técnicas, de avances en la psicología… Las opiniones de los maestros, a veces encontradas, enriquecerían  a todos, porque, en muchos casos, estarían fundamentadas en la experiencia.


P. De partida no hay profesores buenos y malos, todos son profesionales suficientemente capacitados para impartir la docencia, ¿Un buen docente podría tener muy buenos resultados con apenas esfuerzo y otro tener muy malos resultados habiendo trabajado muy duro? ¿Los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos?
R. Los buenos resultados se obtienen con buenos profesores más apoyo de la sociedad y el esfuerzo. Son tan importantes la educación y la enseñanza que no se trataría de cobrar más o menos, sino de prescindir del que no sea buen profesional.


P. En 1996, Jacques Delors preparó un informe sobre cómo tenía que ser la educación y señaló cuatro pilares básicos: los niños tendrán que aprender a hacer, aprender a aprender, aprender a convivir y aprender a ser. ¿Dónde están los dos últimos pilares a estas alturas? ¿Cómo convencerías a los jóvenes para que lean el Quijote?
R. Sobre todo aprender a ser. Para mí el más esencial, pero el más difícil. ¡Ojalá se lograra con el esfuerzo de todos! Estoy seguro que al mismo tiempo podría ir cambiando la sociedad. Hay que procurar que los alumnos conozcan personas o personajes ejemplares: padres, familiares, deportistas, amigos… El maestro, con habilidad, podía incidir en sus virtudes, habilidades, actitudes, etc.
    ¿Leer el Quijote? A mí me dio buen resultado una idea que se me ocurrió hace años: seleccionar capítulos interesantes –no muchos- de cada parte del Quijote. Aventuras cómicas, luchas, sucesos en ventas... Los más leían sin esfuerzo los pasajes indicados, pero otros continuaban leyendo hasta enlazar con el siguiente episodio. Solían saltarse las narraciones intercaladas. Procuraba que las ediciones que servían para su lectura tuvieran un vocabulario más acorde con el alumno y dibujos o viñetas referentes a su contenido.


P. Una de tus recomendaciones es educar a los niños no sólo para que encuentren trabajo, sino para encontrarse a ellos mismos. ¿Están preparados los docentes para educar en la gestión de las emociones? Muchos maestros lleven años sin conocer a los alumnos a los que pretenden enseñar. ¿Es la educación fundamentalmente una relación humana?
R. Antes y ahora, siempre ha sido también psicólogo y creo que ha sabido aplicar los conocimientos adquiridos en la Escuela Normal de Magisterio, al día a día escolar. También debe potenciar, dentro de las relaciones humanas, la AMISTAD. La amistad que se cultiva dura siempre. He conocido a niños y niñas que iniciaron su amistad en el Jardín de Infancia, con tres años, la continuaron, en el Instituto y en la Universidad. Han pasado más tiempo juntos que con la familia y hoy conservan una fuerte amistad, transmitida a sus hijos y a sus parejas.


P. Todos llevamos dentro de nosotros un «Quijote» y un «Sancho», porque la realidad y los sueños habitan por igual en nuestra alma. A título de despedida ¿Qué sientes cuando todavía te paran por la calle personas que fueron alumnos tuyos? ¿Cuál sería tu mensaje final para nuestros paisanos?
R. Tengo contacto con varios alumnos de entonces, me encuentro con bastantes de los diversos lugares donde he ejercido mi profesión y con algunos mantengo, a pesar de la diferencia de años, una sincera amistad. Un abrazo, un apretón de manos, una llamada de teléfono de antiguos alumnos, me emociona, siento su cariño, me alegro y pienso «Cómo han madurado»… cómo han madurado»…  concluyo: «Algo debí hacer bien»
Mezclemos lo PRÁCTICO (Sancho) con lo IDEAL (Don Quijote). Me encuentro con numerosos alumnos de los diversos lugares donde he ejercido mi profesión. Con algunos mantengo, a pesar de la diferencia de edad, una sincera amistad, hasta el punto de hospedarnos en su casa. Un abrazo, un apretón de manos, un ¿se acuerda?, una llamada de teléfono de antiguos alumnos, me emociona y pienso: «Algo debí hacer bien».
    ¿Mensaje para mis paisanos?: Creo que una perfecta comunión entre padres, maestros y alumnos dará lugar a una completa educación; y  a su vez, en una buena enseñanza.



 

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