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Laura Figueiredo
Viernes, 15 de marzo de 2019
Mercedes Sánchez Ruiz, profesora en el CEE María Auxiliadora desde hace 37 años

“Lo mejor es que cada niño esté donde mejor vaya a aprender y donde sea más feliz”

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Es profesora en el Centro de Educación Especial (CEE) María Auxiliadora desde hace 37 años y sabe de lo que habla. Tiene claro que el CEE María Auxiliadora es una apuesta desde el principio por la educación y la inclusión de niños con diferentes capacidades. Ve como un verdadero disparate la nueva normativa con la que se quiere traspasar a prácticamente todo este alumnado a los colegios ordinarios. Un disparate y un despropósito en el que los más perjudicados son los chicos y sus familias.

 

Es Mercedes Sánchez Ruiz y aprendió desde bien jovencilla que las etiquetas no existen y que cada niño podrá llegar al máximo de sus potencialidades siempre y cuando se les eduque y forme en el lugar adecuado, en el mejor sitio para cada uno de ellos. En la entrevista Mercedes nos explica el origen de la movilización que desde hace unas semanas protagonizan los CEE y en la que quieren implicar al conjunto de la sociedad más allá de alumnos, padres y profesorado de estos centros.  Como bien nos dice, “es una decisión que afecta a todos”.

 

Nuestra entrevistada ha vivido siempre la integración con total normalidad y naturalidad. De hecho, fue su padre, Rogelio Sánchez Ruiz quien ponía los cimientos de la educación especial en Criptana con un María Auxiliadora que se convertía pronto en un centro de referencia en nuestra región. En su padre tuvo un maestro inigualable y en sus alumnos un motivo para cada día sacar un poco más, ir más allá. De ellos, aprende a tener paciencia, relativizar los problemas, a ser alegre…

 

-Estáis de movilización en el Centro de Educación Especial María Auxiliadora ¿qué es lo que ocurre?

En el “María Auxiliadora” y en el conjunto de centros de educación especial. El problema arranca de quienes ven en estos centros discriminación y segregación sobre los niños y jóvenes con capacidades diferentes. Desde este planteamiento, en absoluto cierto, se están dando pasos en detrimento de una oferta educativa más, que es la educación especializada, y se orientan hacia dictámenes de escolarización dirigidos a los centros ordinarios por considerarlos “más inclusivos”. Una premisa totalmente alejada de la realidad. En nuestro centro, y estoy segura que en otros con nuestras mismas características, somos inclusivos y lo somos desde un inicio. Por tanto, nos negamos a considerarnos segregadores, apelativo que además ofende y hace daño, como pretenden presentarnos en algunos foros, ya que no es para nada real. Nosotros, alumnos, familias y profesionales, tenemos argumentos y muchos años de experiencia que demuestran que esto es un gran error. Y es que está claro que se legisla desde el desconocimiento, desde los despachos, y no se está a pie de aula un día y otro día. Claro que suena muy bonito eso de que todos los niños con discapacidad vayan a un colegio ordinario, pero es que hay que opinar y trabajar desde la realidad y por desgracia no es el caso. Es más, la sociedad tampoco está preparada aún para ello.

“Está claro que se legisla desde el desconocimiento, desde los despachos, y no se está a pie de aula un día y otro día”

 

-¿Qué es lo mejor para los chicos con capacidades diferentes?

Pues que vayan a un centro donde mejor se les pueda educar. Si es uno ordinario, perfecto y si es en un centro de educación especializada será porque este se adecúa a las necesidades educativas que precise el alumno. Será siempre lo mejor para él. La realidad es que hay chicos a los que se exigen unos aprendizajes con unos métodos ordinarios que no pueden seguir ni llevar a cabo. Con ello, lejos de esa inclusión se crea frustración, sufrimiento, aburrimiento… Se sienten solos, apartados. Y no me lo invento, es algo que nuestros chavales nos han contado cuando, tras pasar por un centro ordinario, llegan al nuestro. Y son relatos no muy agradables en la mayoría de las ocasiones, hablan de experiencias negativas que no quieren volver a repetir. Es evidente que son personas más vulnerables al acoso. No hay derecho que estén donde no les corresponde. Lo mejor es que cada uno esté donde mejor pueda estar, donde mejor vaya a aprender y donde sea más feliz.

 

-¿Esto os enfrenta a los centros ordinarios?

Ni mucho menos y no quiero que se malinterpreten mis palabras, no se trata de enfrentarnos entre centros ordinarios y centros de nuestras características. Se trata de complementarnos unos y otros. Desde los centros como el “María Auxiliadora” atendemos a un colectivo muy concreto y sensible y se trata de que se nos contemple, no se nos arrincone, que se ponga en valor a los centros de educación especial.

 

-¿Qué es la integración?

Ahora, la palabra es inclusión y yo la definiría como tener una vida participativa y activa en la comunidad educativa, en la localidad, y es que el colegio no está fuera de ella. Pretendemos  que nuestros chicos y chicas, con la colaboración y en equipo siempre con las familias, interactúen en todos los ámbitos, haciendo un uso funcional de la comunidad, realizando numerosas salidas al exterior referidas a conseguir una mejor y mayor autonomía. También hacemos múltiples  actividades inclusivas con los centros ordinarios: juegos, charlas, deporte..., siempre respetando las individualidades y fomentando paralelamente lo social. Hay que pensar en cada cual y cada quien para darle a cada uno lo que más necesita para su crecimiento y enriquecimiento personal.

“Los CEE somos los primeros en defender y en trabajar la inclusión”

 

-Parece que esta nueva apuesta de integración va en serio. Hay mucha preocupación entre padres y profesionales.

Y es que no es para menos. Pasamos por etapas de enfado, tristeza, decepción… por ver cómo no se entiende este mundo y se permite legislar sin conocimiento previo de cómo se trabaja en los CEE. Nuestra fortaleza radica en creer firmemente en este modelo educativo y no podemos estar sujetos a modas o a diferentes tendencias o cambios de gobiernos. Es creer y defender firmemente esta modalidad de escolarización porque da sus frutos y continuamente vemos logros en nuestros chicos.

“Nuestra fortaleza radica en creer firmemente en este modelo educativo”

 

-¿Hasta qué punto la integración de la que se habla es posible?

Mira, ya hemos vivido otras experiencias de integración, no es la primera vez que se trata de hacer este trasvase de la educación especial a la ordinaria. Con anterioridad, y con este afán de cambiar las leyes de Educación continuamente, se ha intentado y no ha funcionado como se esperaba. Y no ha sido posible porque los alumnos no podían seguir el ritmo curricular que se les imponía en los centros ordinarios, necesitaban un programa adaptado a sus necesidades especiales. Y vuelvo a insistir para que no se me malinterprete. Los centros ordinarios hacen realmente bien su trabajo, pero es una evidencia que no pueden atender las necesidades de aquellos alumnos que precisan adaptaciones curriculares, una atención más individualizada y determinados recursos con los que no cuentan. La inclusión no es compartir un mismo espacio, sino intereses, aficiones, juegos, emociones, conversaciones, ritmos de aprendizaje…

“La inclusión no es compartir un mismo espacio, sino intereses, aficiones, juegos, emociones, conversaciones, ritmos de aprendizaje…”

 

-¿Esto va en serio?

Pues parece que el proceso va rápido y es verdad que esta vez lo veo más preocupante. Incluye a todos los chicos prácticamente y se olvida el derecho a decidir de los padres. Y aquí es bueno decir que es normal que en las familias surja la duda y el temor ante la escolarización de sus hijos en centros como el nuestro y es algo que puedo entender perfectamente. Pero también hay que decir que cuando las familias comprueban que sus hijos aprenden y son felices con la educación que necesitan, olvidan todos sus temores y hacen piña con nosotros.  En fin, desde los CEE estamos dando la batalla y confiamos en lograr parar esta decisión.

 

-También oigo hablar de guetos.

Pero eso parte, como te comentaba antes, del desconocimiento y de considerarnos como el último recurso en educación. Y el desconocimiento puede, a veces, generar miedo. Todavía creen algunos que somos un centro asistencial y somos un centro educativo. Siempre he dicho que somos asistenciales para los alumnos con más necesidades de apoyo, pero siempre, en todos los casos, la educación está presente y es prioritaria.

 

-¿Qué pasaría con los CEE?

Yo creo que, para tranquilizarnos,  nos dicen que no se cierran, pero si nos relegan llegará un momento en que quedarán empobrecidos y perderán su esencia y su propósito.

 

-Tú has vivido con la palabra integración desde bien joven.

Yo lo he vivido con total normalidad y naturalidad. Mi padre logró impregnarme de su convencimiento en lo que entonces fue una aventura quijotesca. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba estudiando y optando por la educación especial. La apuesta por la necesidad de un CEE lo he vivido desde el principio. Mi padre no iba ofreciendo un sitio donde tener a los chicos “recogidos”. Él, siempre decía a los padres: “traed a vuestro chico al colegio, que ahí le vamos  educar”. Esto me ha calado desde el principio.

“La apuesta por la necesidad de un CEE la he vivido desde el principio”

 

-Cuándo descubres tu vocación.

En la carrera. Había una optativa que era Educación Especial, que más tarde complementé haciendo Pedagogía Terapéutica, y que me hizo descubrir que ese era el camino que quería seguir. Camino en el que sigo avanzando plenamente convencida y aprendiendo día a día.

 

-¿Cuál es tu trabajo?

Ahora estoy en Transición a la Vida Adulta Básica, con alumnos de 18 a 21 años, pero en mi recorrido ya han sido muchos los grupos de alumnos, de edades y características diferentes con los que he trabajado. Y trabajamos las mismas materias que en otros centros, con las adaptaciones que se precisen realizar, complementándolas con talleres para una formación más técnica.

 

-Eres muy enemiga de las etiquetas.

Parece que continuamente tenemos la necesidad de etiquetar pero yo no trabajo con etiquetas, no me gusta. Es algo a lo que me he negado siempre. Yo trabajo con chavales  de los que quiero sacar el máximo, lo mejor de cada uno, no pensando en sus limitaciones. Es evidente que cada uno tiene un diagnóstico y hay que tenerlo en cuenta, pero voy siempre a ver qué máximo potencial podemos sacar, con independencia de esa etiqueta. Para ello, tienes que saber motivar, estimular, generar ilusión, expectativas… dentro de una realidad. Así consigues objetivos y que esa persona avance añadiendo siempre el componente emocional con el alumno, el tú a tú.  Las discapacidades no dejan de ser etiquetas que hay que despegar.

“Las discapacidades no dejan de ser etiquetas y hay que despegar esas etiquetas”

 

-Y cuando terminan en el María Auxiliadora ¿qué pasa?

Nuestros chicos lo tienen más complicado porque a partir de los 21 años la oferta es menor. No todos reúnen las características para ir al centro ocupacional o al centro de día. Faltan centros para esa nueva etapa.

 

-¿Qué ha supuesto y supone el María Auxiliadora para Criptana?

Supone un balón de oxígeno y vida para muchos chicos y sus familias; un sitio donde poder ser educados en el sentido más amplio de la palabra.

“El María Auxiliadora es un balón de oxígeno y vida para muchos chicos y familias”

 

-¿Qué aprendes de tus alumnos?

Son la mejor terapia, realmente aprendo mucho. Si llegas a clase un día con algún problema o preocupación, consiguen que lo olvides. Aprendo a relativizar y a ejercer la paciencia, tan necesaria en esta vida tan vertiginosa que llevamos todos en general. Con mis alumnos aprendo a diario. Te lo digo con el corazón.

 

-¿Y qué aprendiste de tu padre?

En mi padre  he tenido un maestro inigualable del que he aprendido muchos valores, entre otros el ser pionero en la región y activo hasta el final en el mundo de la Educación Especial, además, de manera solidaria y altruista. Un hombre generoso, afectuoso, luchador…,  con mucho sentido del humor y mucha positividad. Tengo mucha suerte de haberle tenido como ejemplo, a él y por supuesto también a mi madre, como auténticos ejemplos de vida y, en el caso de mi padre, también de profesión. 

 

“En mi padre he tenido un maestro inigualable”

 

Enlace en el que se explica la postura de los centros de educación especial. https://youtu.be/XAfVPkEA86M

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