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Antonio Leal Giménez
Viernes, 12 de abril de 2019
Encuentros en la Castelar

Hoy, con Pablo Doncel Fuentes (Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos)

Guardar en Mis Noticias.

Por Antonio Leal Giménez

Nació, con casi un mes de antelación, un caluroso día de Julio de 1983, en el antiguo hospital comarcal del [Img #70314]Alcázar de San Juan.  Descendiente de ferroviarios y comerciantes, vivió en la Calle Lepanto y asistió junto a sus dos hermanos al Colegio Público Santa Clara, por lo que todos sus amigos de la infancia son de los barrios de Goya, Porvenir y Parque Viejo, dónde existían una multitud de posibilidades de juego y esparcimiento: el campillo, el viejo campo de futbol de San Luis, hoy ocupado por una urbanización, los antiguos muelles de la Renfe, las eras del Porvenir e incluso el convento de Santa Clara “en obras” por aquel entonces.

 

Los años pasaron y formó parte de la primera generación que experimentó la ley educativa LOGSE, abandonando el colegio prematuramente hacia el Instituto Cervantes dónde tuvo ocasión de compartir pupitre con jóvenes de otros colegios e incluso pueblos “rivales”, naciendo nuevas amistades que todavía perduran.

 

Durante estos años noventa de Instituto disfrutaba del “vespino”, las vueltas por el parque y los bocatas de la Mancha, que le daba fuerzas para prestar la debida atención a las clases y estudios. En esta época participó en el intercambio cultural organizado por el instituto a Ipswich (Inglaterra), que supuso para Pablo su bautizo en avión. Aún no ha olvidado el precio del billete que tuvieron que pagar sus padres ¡una pasta!, pero se sintió recompensado al descubrir un país y cultura nuevos muy diferentes al terruño Manchego.  

 

Su primera experiencia “hidráulica” ocurrió en el verano de 1995, cuando visitó junto a su familia las lagunas de Ruidera prácticamente secas tras una dura sequía, recuerda unos topógrafos trabajando sobre el lecho yermo de la Rendondilla y cómo se hicieron una foto junto a unas de las escalas de nivel del fondo del embalse de Peñarroya. Sin embargo, meses más tarde repitieron el viaje y el panorama era totalmente distinto: todas las lagunas, y por ende la cascada del hundimiento, rebosaban, un manto de agua deslizaba por el aliviadero de la presa de Peñarroya, caudal que llegaba a la Alameda y hasta vio correr el Río Záncara, aunque se sumiera en las entrañas de la tierra. Todos estos fenómenos y dicotomías del agua manchega despertarían un interés posterior.

 

Ya en el nuevo milenio comienza su carrera universitaria en la centenaria Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, siguiendo los pasos de su hermano mayor y tras unos duros primeros años, consigue una beca Erasmus para el Real Instituto de Tecnología de Estocolmo (Suecia), Universidad técnica líder en Escandinavia, donde tuvo la oportunidad de conocer un mundo nuevo en todos los sentidos: cultural, social, académico y sobre todo, climático.  Allí aprovechó para cursar un Máster en Ingeniería Medioambiental e Infraestructura Sostenible y no dudó el tema de su tesis: “Hacia el uso sostenible de acuíferos, el caso de La Mancha” al que dedicó casi una década de estudio e investigación y fue oficialmente publicada en 2015 (disponible en http://urn.kb.se/resolve?urn=urn:nbn:se:kth:diva-173875).

 

En paralelo, ha trabajado como ingeniero en el Departamento de Ingeniería Hidráulica de una importante eléctrica, participando en numerosos proyectos hidráulicos en España y Oriente. Recuerda su primera dirección de obra en el alto Tajo, el periplo por toda Turquía auditando presas y centrales hidroeléctricas, y sobre todo, el plan general de infraestructuras hidráulicas del Río Nilo en Egipto, que le obligó a visitar asiduamente este fascinante país, dónde descubrió un genotipo y cultura que le resultaba un tanto familiar. Gracias a esta experiencia se interesa por nuestra historia, en particular la época “desconocida” entre Romanos y El Cid, génesis de muchas obras hidráulicas existentes en la Mancha, pero hoy abandonadas y en peligro de desaparecer. Entre éstas destacan el Canal del Gran Prior, que traía agua desde Ruidera hasta Villacentenos, o el singular conjunto de dieciséis molinos y presas situados entre los Ojos del Guadiana y el embalse del Vicario, tema que actualmente está investigando en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Ciudad Real, Universidad Castilla La Mancha, como doctorando.

 

Desde la tienda de su tío Pablo Fuentes en la Castelar, dónde también echó una mano cuando la regentaba su abuelo Oliverio, nos dirigimos hacia el sur para llegar a los Montes del Concejo, como se les conocía antiguamente, un terreno de 7 millones de años con un material calizo que hizo posible la formación del acuífero 23, el más grande de Europa, y cuyo Pozo de la Perdigueras da vida a nuestra ciudad, para mantener nuestro “Encuentro”.

 

 

PREGUNTA: En la Tierra existe más cantidad de aguas subterráneas que en la superficie que abastecen a un tercio de la población mundial. ¿Qué es un acuífero? ¿Cómo es el acuífero de La Mancha?

RESPUESTA: Un acuífero es como una gran esponja, técnicamente es cualquier formación geológica capaz de albergar y transmitir agua en su interior, a través de sus huecos intersticiales o fisuras, y se forma por la simple infiltración del agua de lluvia hasta su saturación. El acuífero manchego se asemeja a un manto de 150 kilómetros largo por 50 de ancho y hasta 300 metros de espesor, presentando una capacidad máxima de 4.000 Hectómetros cúbicos de agua que abastece a más de 300.000 personas y 150.000 Hectáreas de riego.

 

P. La disponibilidad de agua dulce es considerada como uno de los grandes retos para el futuro ¿Cuál es la importancia de la protección y gestión de los recursos hídricos subterráneos? ¿Solucionan los acuíferos el problema de la sequía? ¿Existen incertidumbres  en la determinación de sus recursos renovables y su capacidad de uso?

R. La mejor arma contra las sequías es auto protegerse con recursos propios haciendo un uso responsable de ellos, dónde acuíferos y embalses artificiales representan esa garantía de suministro, además, las distintas proyecciones del “cambio climático” en nuestra zona indican que éstas serán más recurrentes y severas.

Efectivamente, la capacidad de almacenamiento y la dinámica hidráulica de un acuífero solo se pueden estimar por métodos indirectos, necesitando la combinación de estudios geomorfológicos, geotécnicos, hidrológicos y climáticos.

 

P. España es el país de Europa con más embalses (alrededor de 1300). Pero ¿Sirven de algo, si bastan tan solo que no llueva en tres meses y ya se encuentran en niveles críticos? ¿Seguimos anclados en una mentalidad de los años 50, cuando tener embalses era sinónimo de desarrollo?

R. Así es, España es el país Europeo con más grandes presas (1063), seguido por Francia (703), y sin duda, las obras hidráulicas han propiciado el sustrato necesario para el desarrollo económico y social que hoy disfrutamos; Las presas previenen inundaciones catastróficas, garantizan el suministro humano y proporcionan energía renovable desde hace más de 50 siglos en todo el mundo.

En relación a la dinámica del embalse, no podemos generalizar ya que cada presa responde a su uso y a las condiciones particulares de la cuenca hidrográfica dónde se emplaza. La mayoría de los embalses están diseñados para vaciarse durante el verano, cuando sufren mayor demanda de riegos, para volver a llenarse con las lluvias de los meses siguientes.

Por último, es cierto que muchas de las grandes presas hoy en operación fueron proyectadas bajo el movimiento Regeneracionista de finales del siglo diecinueve y construidas en la segunda mitad del siglo pasado, pero debemos aprovechar esta herencia y gestionarlas con mentalidad y métodos actuales.  

 

P. ¿Consideras que lo importante no es que se llenen los pantanos, sino los acuíferos, manantiales, veneros o minas de agua? Durante años se lleva planteando los embalses como la solución mágica a las épocas sequía, pero ¿Han sido las empresas constructoras las más beneficiadas?

R. Cualquier reserva de agua, independientemente de su origen, es de gran valía y debemos incorporar la gestión conjunta de ambas, ya que están intrínsecamente relacionadas. Por ejemplo, la cercana presa de Peñarroya embalsa los excedentes del acuífero 24, y además, regula e incrementa la capacidad de almacenamiento de éste.

Por mi experiencia, las obras hidráulicas son las más difíciles y complejas de ejecutar, y no suelen ser objeto de beneficio “gratuito” para las constructoras, y mucho menos cuando el promotor es privado.

 

P. Las cifras oficiales son desoladoras: El 25% de los acuíferos que abastecen al 70% de los pueblos está contaminado por los nitratos que son nocivos para la salud y los ecosistemas, metales pesados de la industria minera, pesticidas altamente tóxicos. Ante este grave problema, ¿Las autoridades solo se preocupan del agua superficial? ¿Qué técnicas se utilizan en la actualidad para descontaminar las aguas subterráneas? ¿Están desapareciendo los acuíferos?

R. Efectivamente, la contaminación difusa es un problema añadido a la gestión de las aguas subterráneas y suele agravarse por la falta de dilución por sobreexplotación de los acuíferos. La depuración o descontaminación “artificial” de acuíferos es casi una quimera, se debe actuar en prevenir el origen de los vertidos y asegurar un mínimo caudal permanente para diluir las concentraciones de estos tóxicos por debajo de los límites establecidos. 

 

P. En España existen 41 acuíferos catalogados, que se extienden a lo largo de 177.000 km2, y su volumen es diez veces mayor que todos los embalses juntos. Pese a que su reserva de líquido es enorme, pierden agua por los pozos ilegales que los sangran ¿Por qué no se deja de esquilmarlos y destrozarlos? ¿Por qué la mitad del agua bombeada de los acuíferos se extrae al margen de la legalidad aun conociendo que la extracción ilegal es un delito tipificado en el Código Penal con multas e incluso penas de prisión? ¿Por qué se permite captaciones realizadas sin control?

R. En primer lugar, las aguas subterráneas se incorporaron al dominio público hidráulico por la Ley de Aguas de 1985 y hasta entonces su uso privativo estaba amparado por la legislación anterior, por lo tanto, si “demostrabas” que tu pozo estaba construido antes de 1988, tienes a perpetuidad derecho de extraer el agua necesaria para regar tu predio.

Actualmente, la única arma que dispone las Confederaciones Hidrográficas es el plan de ordenación de extracciones, por el que se limita el volumen teórico a extraer, pero solamente se puede aplicar cuando una masa de agua está sobreexplotada o en riesgo. No obstante, desde el 2008 se obliga a que cualquier uso extractivo de agua pública tenga instalado un sistema de medición, que en el caso del acuífero 23 solamente asciende a una cuarta parte de los cuarenta mil pozos existentes, por lo que el cumplimiento del plan de ordenación no estaría asegurada completamente.

 

P. ¿Qué importancia tienen las aguas subterráneas en la gestión del ciclo integral del agua? ¿Cuáles son las consecuencias del agotamiento de los acuíferos de aguas subterráneas? ¿Se realizan diagnósticos de los acuíferos a nivel mundial?

R. Son la reserva natural de recursos hídricos, y su agotamiento compromete la existencia de todos los ecosistemas dependientes. El acuífero 23 ha sufrido dos periodos realmente complicados, culminados en 1995 y 2009, cuando el nivel freático llegó a descender más de 50 metros provocando que muchos pozos se secaran y el abastecimiento humano se vio seriamente comprometido, aparte de la desconexión con las masas aguas superficiales, por ejemplo, las tablas de Daimiel.

A nivel mundial destaca el Centro Internacional de Recursos Subterráneos (IGRAC) dependiente de la UNESCO y el gobierno holandés, pero aquí tenemos el Instituto Geológico y Minero (IGME) que tiene unos conocimientos sobresalientes de las masas de agua subterráneas.

 

P. Hasta hace poco era frecuente ver la figura sufrida y amable del borrico de noria sacando agua subterránea para regar. Actualmente, esta imagen ha sido sustituida por la existencia de un número no pequeño de pozos, entre uno y dos millones según los expertos. ¿Se puede decir que las aguas subterráneas no están siendo atendidas por la Administración hidráulica? ¿Por qué no se le da la importancia ni se hacen las investigaciones precisas por parte de los científicos para su uso y conservación?

R. Actualmente en España, gracias al trabajo del IGME y Confederaciones, todas las masas de agua subterráneas están suficientemente definidas, estudiadas y catalogadas para poder establecer las distintas normas de gestión que aseguren su uso sostenible. Sin embargo, los resultados no son los esperados por el marco legal heredado y el mero interés particular, ya que una tierra regada produce hasta cuatro veces más que una en secano, y es prácticamente imposible controlar tal cantidad de pozos a lo largo y ancho de nuestra geografía.

 

P. ¿Cómo podría ser establecido y mantenido un diálogo interdisciplinario sobre el control de las aguas subterráneas entre los actores públicos, el sector privado, el académico y la sociedad civil, así como entre la sociedad de las zonas rurales y urbanas?

R. Un diálogo análogo se estableció alrededor del acuífero de la llanura manchega a través del Plan Especial del Alto Guadiana, pero desafortunadamente fue cancelado en 2013 por el anterior Gobierno Autonómico, y de momento, no tenemos noticias que vaya a “resucitar” debido a que la situación actual del acuífero no es del todo “mala”.

Es una pena que usemos fondos públicos, principalmente Europeos, para desarrollar proyectos enfocados a solucionar problemas que hemos creado, y que finalmente, se guarden en un cajón hasta que el acuífero agonice de nuevo.

 

P. ¿Qué estudios se requieren para una evaluación del potencial de agua subterránea? ¿De qué depende la cantidad permisible de agua que puede ser bombeada? ¿Cómo se evalúa la sostenibilidad del agua subterránea?

R. El más importante es el campo geológico, a través de fotointerpretación apoyado en sondeos directos (pozos), así como métodos indirectos como los ensayos de bombeo que proporcionan los parámetros básicos de caudal potencialmente extraíble, cuyo máximo “sostenible” sería aquel que no provoque una depresión significativa del nivel freático a largo plazo en sus inmediaciones.

A principios del siglo XX existían en La Mancha cerca de 20.000 norias, cuya capacidad extractiva no comprometió la sostenibilidad del sistema ya que Los Ojos del Guadiana seguían manando agua.

 

P. El Acuífero 23 es uno de los más importantes de España que sustenta la vida en una región semiárida con sequías severas, temporales y cíclicas. ¿Qué consecuencias han tenido la expansión de la agricultura de regadío y la colonización de zonas húmedas promovidas por la Administración?

R. La consecuencia más notable ha sido la depresión severa del nivel freático y su desconexión con las masas de aguas superficiales, ríos y lagunas, pero especialmente el secado de los Ojos del Guadiana, por dónde alumbraba el sobrante de agua del acuífero y daba vida a un oasis natural en medio de la Mancha, incluyendo las Tablas de Daimiel.

Entre los efectos negativos destacan la salinización y contaminación de aguas, incremento de costes de bombeo y consiguiente exclusión de uso de las pequeñas explotaciones, incertidumbre en la garantía de suministro, ocupación de cauces y cubetas de lagunas, pérdida de biodiversidad, aumento riesgo desertización, etc.

 

P. El vaciado de reservas de agua del Acuífero 23, se sitúa en 840 hectómetros cúbicos (Hm3) con respecto a 1980, año en el que se estima que el régimen de funcionamiento del acuífero fue el normal, ¿Cuáles son las causas principales a las que se debe este importante descenso de las reservas de agua? ¿Podemos conocer el agua que queda en el Acuífero 23? ¿cuál es el nivel freático del agua necesario para ver manar los Ojos del Guadiana?

R. El vaciado máximo se estima cerca de los 4000 Hm3 en los periodos extremos antes citados, pero gracias al periodo húmedo extraordinario 2009-2012 se recuperó notablemente hasta aproximadamente el 75% de su capacidad. No podemos saber con precisión el volumen “embalsado”, pero se puede estimar a través de los niveles de piezométricos registrados por toda la superficie del acuífero. En los años siguientes a 2012, se pudieron llegar a ver tímidos encharcamientos en la zona más baja del cauce del Guadiana, junto a las Tablas de Daimiel. Sin embargo, para volver a ver manar los auténticos Ojos, el de Mari López que está situado junto a la N-420, el nivel freático en esta zona deberá encontrarse por encima de la cota 615 msnm y francamente, se antoja muy improbable que vuelva a ocurrir con la dinámica actual.

 

P. El Plan Hidrológico de la Demarcación Hidrográfica del Guadiana para el ciclo de planificación 2015-2021, intenta alcanzar una armonía entre la producción agraria, bienestar social y económico y la sostenibilidad de la riqueza natural. ¿Mitigará el avance de la desertificación y los efectos del cambio climático?

R. Esperemos que así sea, aunque el Plan reconoce un volumen anual de derechos extractivos que doblan a las entradas medias al sistema Acuífero 23 y sigue insistiendo en la necesidad de importar recursos para alcanzar ese “equilibrio”. Como hemos comentado antes, solamente nuestros recursos locales pueden ayudarnos a afrontar las variaciones climáticas futuras y la mitigación del avance de la desertificación pasa por acciones concretas sobre el uso del suelo, principalmente reforestación y garantizar la mayor cobertura vegetal posible.

 

P. Como despedida, dentro del Pozo de Las Perdigueras, excavado a pico y pala por los trabajadores en 1928, en la sala de máquinas que se encuentra rodeada por azulejería talaverana que es historia de Alcázar de San Juan, ¿Puedes hacernos algunas indicaciones referentes al por qué hacer un uso responsable del agua y por qué nos incumbe a todos?

De los suecos aprendí que, para cuidar la Tierra y sus recursos, cada individuo debe ser consciente del impacto o “huella” ecológica que realiza a lo largo de su vida y en teoría, debería tratar de minimizarlo al máximo para así dejar este planeta a las generaciones venideras en unas condiciones similares a cómo nos lo encontramos al nacer.

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