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A. Rivas
Sábado, 20 de abril de 2019
Viernes Santo

La procesión de Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores llena las calles de Alcázar de San Juan de fieles y devotos este Viernes Santo

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Rayando al alba, el templo de la Santísima Trinidad se convierte en un hervidero de gente con los más de cuatro mil hermanos que componen la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Nazareno y María Santísima de los Dolores, que acompañados de un público incondicional, se prepararon para desafiar el tiempo mientras los cientos de devotos esperan para acompañar los tres pasos del recorrido más popular de la Semana Santa alcazareña.

Fundada en 1711, la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de los Dolores, es la hermandad más numerosa de la localidad, protagonizando una procesión que goza de una devoción especial para Alcázar en un día en el que todo el mundo sale a la calle para disfrutar.

 

El palio que porta la imagen de la Virgen de los Dolores de terciopelo verde al igual que el manto, tuvo que verse envuelto en plástico ante las inclemencias del tiempo. La previsión de lluvia para este Viernes Santo no faltó a su cita para desgracia de todos sus penitentes, por lo que se vio obligado a modificar su recorrido.

 

Una tregua de sol y nubes hizo posible procesionar sobre sus pasos. De esta forma uno de los momentos más emotivos se dio lugar este año en el tradicional encuentro en los aledaños de la Iglesia de San Francisco, donde el encuentro entre Jesús y la Virgen volvió a llenar de emoción a la multitud congregada.

 

Con un silencio solo roto por las continuas ovaciones y ánimos a los anderos, las imágenes son homenajeadas con saetas mientras la música de las agrupaciones musicales acompañan a sus pasos desde la salida de la iglesia trinitaria.

 

Las emociones afloraron una vez realizado el encuentro, momento este en el que los anderos y anderas devuelven los pasos a su casa en su tradicional entrada de rodillas al templo bajo la atenta mirada y la ovación del numeroso público que se encontraban en la plaza de la Trinidad y dentro del mismo.

 

Los nervios y la tensión acumulada durante la mañana desparecieron entre abrazos y besos de aquellos que tanto sufrieron en un día en que la lluvia y el sol típicos de la primavera hicieron diferente este Viernes Santo.

 

Las procesiones del viernes por la noche, el Santo Sepulcro y Nuestro de la Soledad no pudieron salir a la calle en una noche intempestiva que parecía acompañar el duelo de todos los católicos en la noche de Viernes Santo. La Hermandad del Silencio no pudo desafiar a la lluvia que había condicionado los pasos del día para representar el dolor por la muerte de Jesucristo Crucificado.

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