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Pedro Pablo Novillo Cicuéndez
Lunes, 29 de abril de 2019

Una muestra de fuerza tranquila

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Por Pedro Pablo Novillo

Frente al ruido y la furia, la ciudadanía de la razón y la sensatez que ayer acudió tan firme como serena a parar la involución que se nos anunciaba. A defender la España de la convivencia y del diálogo entre diferentes (adversarios quizás, nunca enemigos).


La ciudadanía movilizada en defensa de derechos que tanto costó conquistar, dispuesta a que permanezca abierto el horizonte de su ampliación.

 

Fue la de ayer una muestra de fuerza tranquila, la más contundente de las posibles en democracia.


Con dos tareas inaplazables.

Una, la imprescindible reflexión de las derechas democráticas, que necesitan líderes que, por respetables, se hagan respetar. Que tengan la valentía de pedir perdón a la ciudadanía por la corrupción que ha carcomido las estructuras de su partido, que no a decenas de miles de militantes y seguidores que han sido y son gente decente.



La otra, que le atañe a las izquierdas sin dilación, la de no temblar cuando se trata de frenar la galopante desigualdad social que ha provocado la crisis y ha acentuado la salida en falso de las políticas puestas en marcha hasta ahora por las derechas.

 

La urgencia de romper las desigualdades entre mujeres y hombres, de dar seguridad y pensiones justas y dignas a los más mayores, de ofrecer certezas a los jóvenes, de poner el trabajo (y a los y las trabajadoras) de nuevo en el corazón de la política, de ensanchar la democracia y trabajar por que el cuidado del medio haga posible la continuidad de la vida. Que nos permita vivir, y morir, con dignidad.

 

Seguridades, confianza y certezas. La mejor receta para que el fascismo, aunque haya resurgido marchito y rancio, no consiga hacernos volver a las andadas.


Y, por último, en una España que no se deja secuestrar por ningún discurso patriotero de los que tapan la bolsa con la bandera y sofocan los lamentos del dolor con la estridencia de los himnos.

Tarea para una izquierda prudente y firme. De esas que, a la postre, resultan ser las más revolucionarias.

 

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