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Antonio Leal Giménez
Viernes, 24 de mayo de 2019
ENCUENTROS EN LA CASTELAR

Hoy, con Jesús Fernández Logroño (Psiquiatra)

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Por Antonio Leal Giménez

Nació en el barrio de  San Sebastián, más conocido por “El Santo”, donde cada año durante las fiestas del mes de enero se revive la tradición del salto a la comba en el Arenal y la venta de barquillos, el desfile de los caballeros con los cohetes hasta la ermita y las típicas tortas en sartén.

 

Sus  primeros años de escolaridad estuvieron repartidos entre  un colegio público, del que recuerda  las carreras para encargarse de la preparación de la leche en polvo, y en  otro privado, menos divertido. Eran los tiempos de [Img #72979]“la letra con sangre entra”. Luego continuó en los trinitarios, donde pese a haber estado casi desde un principio en el grupillo de los más aplicados y acordarse más de tantos buenos momentos, había al principio también algunos pequeños castigos físicos (recuerda particularmente los capones o los tirones de patilla en las declinaciones latinas), o cuando debían quedarse estudiando el domingo por la tarde.  

 

Desplazarse entonces para hacer la reválida de cuarto en Ciudad Real era todo un acontecimiento. Me cuenta que tenían que ir con chaqueta y corbata. Fue a partir de entonces cuando, junto  con otros de sus compañeros, iniciaron la diáspora, primero para repartirse en aquél invento del ministro Girón que fueron  las universidades laborales, en su caso la de Alcalá de Henares. A Jesús le sirvió también para patearse durante los fines de semana las calles de  Madrid donde, tras un breve regreso a  Alcázar para hacer el “preu”, estudió medicina en la Universidad Complutense de Madrid.

 

Durante toda la carrera, no obstante, y dada la cercanía y la entonces buena comunicación ferroviaria, mantuvo frecuente e intenso contacto con el pueblo, participando en la fundación y comienzos de la Asociación Cultural Abrego, fundada en 1978.

 

Comenzó en Valencia la residencia de Medicina Familiar y Comunitaria, una especialidad que arrancaba ese año. Para Jesús, que quería hacer psiquiatría, fue una experiencia muy interesante en la que no le hubiera importado permanecer de no ser porque al año siguiente pudo  iniciar la especialización de psiquiatría en el Hospital de Bellvitge, de Barcelona. A ello siguieron dos años  en el Hospital de Sant Andreu, de Manresa, y el traslado posterior  a Granada tras pasar la última oposición para funcionarios de carrera de la Administración Institucional de la Sanidad Nacional (organismo al que casualmente pertenecía también nuestro “hospitalillo”, hoy pasto de malas hierbas y fantasmas) que aprobó en Madrid, pero tomando posesión en Granada en un organismo ya transferido a la comunidad autónoma, donde tuvo la oportunidad  de asistir y participar activamente desde una posición privilegiada en el nacimiento y desarrollo de la reforma  psiquiátrica andaluza, primero como técnico y después fundamentalmente como clínico, pero también como gestor, dado que ocupó durante 16 años el puesto de coordinador  de la Unidad de Hospitalización de Salud Mental de uno de los dos grandes hospitales de la ciudad, el Hospital Universitario San Cecilio, más conocido tradicionalmente en Granada como “el Clínico”.

 

Tuvo también ocasión de desarrollar actividades docentes durante su estancia en Cataluña en la Universidad de Barcelona, tanto en la Facultad de Medicina, como en la Facultad de Psicología donde ejerció  como profesor invitado de la asignatura de psicopatología y, una vez ya en Granada, fue profesor asociado de psiquiatría y más tarde  tutor de médicos residentes de su especialidad. Nos comenta por otra parte con satisfacción que se cumplen ahora 25 años de la fundación  de la Asociación Cultural de Castilla-La Mancha en Granada,  que ha funcionado ininterrumpidamente y en cuya creación participó y se mantiene desde entonces como  miembro activo.

 

Nuestro encuentro tiene lugar en la calle Castelar junto al busto de  D. Román Alberca Lorente, que fue catedrático de Psiquiatría de Valencia, director del Hospital Psiquiátrico de El Palmar, de Murcia, y una de las figuras más destacadas e influyentes de la especialidad en su época.

 

 

PREGUNTA: La frase "mi pueblo es el mejor" no es ninguna tontería. Presumir de pueblo es algo habitual entre aquellos que gozamos de la fortuna de pertenecer a uno. Con el paso de los años ¿Te has dado cuenta que no era para tanto? ¿Cuándo regresas a la rutina diaria, ¿Continuas idealizando a nuestro pueblo? Por salud mental, ¿Crees que te será necesario volver?

RESPUESTA: Durante mucho tiempo después de haber salido por primera vez de él, estuve considerándolo en el centro de mis actividades extraacadémicas. Después no ha sido tanto así, pero no he dejado nunca de mantener el contacto ni me he planteado que alguna vez deje de tenerlo, sin que por ello haya dejado de integrarme en los otros lugares por los que he pasado, en todos los cuales conservo buenos amigos.  Ahora sigo estando orgulloso de mis raíces manchegas pero también de formar parte de la sociedad granadina, en la que me encuentro igualmente muy a gusto.

 

 

P. ¿Cuáles son las enfermedades mentales más comunes en España? ¿Cuáles son las enfermedades mentales más frecuentes en niños? ¿Y en adolescentes?

R. Las enfermedades mentales que pueden tener un mayor fundamento somático conocido o probable, se reparten por igual a lo largo del espacio y del tiempo, aunque puede que se diagnostiquen más en unos lugares o en unos momentos que en otros. Otra cosa son los trastornos adaptativos, trastornos por estrés postraumático, etc., porque dependen más de factores ambientales o sociales coyunturales. Sí hay algunas enfermedades que parecen emerger como nuevas,  o que parece que se ponen de moda como fue hace unos años el caso de la anorexia mental  o  ahora del trastorno límite de personalidad, una patología de relativa reciente introducción en las clasificaciones, con una validez diagnóstica inferior a otras, y que guardan más  con los cambios sociales, económicos y educativos.

Según la OMS, la mitad de las enfermedades mentales comienzan antes de los 14 años, pero la mayoría de los casos no se detectan ni se tratan. Según esta organización la depresión ocupa un lugar importante y el suicidio es la segunda causa de muerte entre los 15 y los 19 años. Sin olvidar el abuso de alcohol y drogas, cannabis habitualmente pero también otras, que puede generar comportamientos peligrosos como las prácticas sexuales de riesgo o la conducción temeraria. A estos problemas deben sumarse los trastornos alimentarios.

 

 

P. En las enfermedades mentales, ¿La herencia genética es determinante? ¿Influye, de qué forma, el ambiente social, la estructura familiar? ¿Depende de las enfermedades?

R. Pues, efectivamente, depende de las enfermedades. Parte de la pregunta está ya contestada en la respuesta anterior. En otros casos, como en las llamadas psicosis endógenas (suponemos que hay un factor causal físico aunque a día de hoy no lo conozcamos en detalle), puede existir un pequeño componente genético. A veces, aunque exista una cierta predisposición genética, se precisaría  de la confluencia de un ambiente determinado (en un sentido muy amplio y variado, en que caben por ejemplo desde un estilo de comunicación familiar,  diversas situaciones de estrés o, de manera más demostrada y objetiva, el abuso de drogas) para que la enfermedad llegue a desarrollarse.

 

 

P. ¿Consideras que el elevado índice de depresión actual tiene que ver con los cambios en el estilo de vida de la sociedad?  ¿Es fácil diagnosticar y tratar una depresión?

R.  La depresión, que no las variaciones habituales del estado de ánimo y las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana, es resultado de interacciones complejas entre factores biológicos, psicológicos y sociales, y ha existido siempre y en todas las culturas, pero hay cada vez mayor nivel de estrés en las sociedades occidentales, la incertidumbre que domina los estilos de vida modernos nos ha hecho más inseguros, al mismo tiempo que los ideales de éxito se han vuelto más exigentes, todo lo cual está seguramente en la base del aumento de las depresiones. Pero no todas son iguales ni tienen el mismo  tratamiento y pronóstico, ni son fáciles de distinguir de manera ambulatoria, por lo que en los casos más confusos podría indicarse el ingreso en una unidad hospitalaria donde  por lo general bastan 24 horas de observación para confirmar el diagnóstico. Y si aún así no está muy claro, existen también algunos marcadores biológicos sencillos que ayudan a distinguirlas, aunque son poco utilizados.

 

 

P. ¿Cuáles son los síntomas de inicio de una depresión? ¿Sirven de algo las pruebas genéticas en el ámbito de la salud mental? ¿Los fármacos psiquiátricos pueden cambiar la forma de ser de una persona?

R. En el caso más típico, puede sospecharse ante una pérdida progresiva y sin interrupción del interés por las aficiones o deseos habituales, de energía vital, de apetito y sueño, una visión más pesimista del futuro, la tristeza y, en el caso más extremo, una auténtica anestesia afectiva, es decir, una especie de sentimiento de ausencia de sentimientos. Pero no vale que estas condiciones se den durante unas horas o unos pocos días, sobre todo si se relacionan con cualquier acontecimiento o circunstancia personalmente estresante. Con respecto a la genética, aparte de contribuir a explicar las causas de algunas enfermedades, la principal aplicación en psiquiatría actualmente, pero aún poco depurada y utilizada, es la posibilidad de   conocer de antemano un tratamiento farmacológico individualizado o a la carta, es decir, con más posibilidades de éxito para un individuo determinado. Los psicofármacos no pueden cambiar la forma de ser de una persona sino solo indirectamente, si consiguen o ayudan a  mejorar la psicopatología acompañante. 

 

 

P. ¿Qué diferencias hay entre ansiedad y depresión? ¿Qué métodos existen para tratar la depresión? ¿Se puede curar una depresión sin medicación? El catálogo de psicofármacos es impresionante, ¿Son todos necesarios?

R. La ansiedad es el temor a lo desconocido,  la incertidumbre, el miedo a que pase algo sin saber qué, a no poder controlar una situación, lo que puede expresarse de un modo crítico o continuo, de manera anticipada o en el momento de una acción concreta como conducir o hablar en público, bien a nivel solo mental o bien de modo somático, o a ambos niveles al mismo tiempo. La depresión se caracteriza  sobre todo por la tristeza, pero ésta puede ser primaria o una simple consecuencia puntual de la ansiedad, y puede ser también expresada en términos somáticos, sobre todo en los niños. En muchas de estas ocasiones los fármacos (ansiolíticos o/y antidepresivos) pueden ser útiles, pero no por sí solos, ya que lo más eficaz puede ser  la psicoterapia, de la que existen diferentes orientaciones. Lo cual  implica que el paciente debería ser parte especialmente activa en el proceso, pero  no todo el mundo reúne suficientes condiciones para  ello, con independencia del nivel intelectual.  Sin embargo otros tipos de depresiones pueden necesitar fundamentalmente antidepresivos e incluso en algunos casos terapia electroconvulsiva aunque, paradójicamente, con más garantías de resolución “ad integrum” inmediata. En cuanto al amplio catálogo de fármacos, hay que tener en cuenta que éste ya se encuentra de por sí reducido en las farmacias hospitalarias y creo de hecho que, en la vida útil de un psiquiatra, no hay ni siquiera tiempo para familiarizarse bien con el manejo de todos ellos, por lo que siempre se impone una selección.  Por otra parte, es de agradecer que podamos contar con fármacos con distintos perfiles de acción y para adaptarse a distintos tipos de pacientes.

 

 

P. ¿Por qué se producen recaídas en enfermedades mentales como esquizofrenia, depresión o trastorno bipolar? ¿Cómo sé que estoy enfermo y no es algo pasajero?

R. La esquizofrenia puede evolucionar de manera episódica o de manera continua. El trastorno bipolar cursa en forma de episodios expansivos (aunque haya uno solo en toda la vida)  alternando o no con episodios  depresivos. Lo mejor es consultar al médico de cabecera ante cualquier signo de alarma, pero ya he dicho que no hay que alarmarse porque uno tenga unos días malos o se encuentre triste durante unas semanas por un acontecimiento muy estresante como un despido laboral o  la pérdida de un ser querido.

 

 

P. ¿Alguna enfermedad mental se cura o son todas crónicas? ¿Cómo puedo detectar si alguien de mi entorno padece una enfermedad mental? ¿Cómo pueden los padres detectar una enfermedad psiquiátrica en su hijo adolescente para poder darle la asistencia necesaria? 

R. La  curación en sentido estricto es muchas veces un objetivo utópico en gran parte de la medicina, incluyendo la psiquiatría, pero el tratamiento casi siempre sirve para mejorar en mayor o menor grado.  Vemos muchos casos que solo han tenido un episodio de enfermedad a lo largo de su vida. En otros casos un determinado diagnóstico implica cronicidad, pero actualmente con un tratamiento idóneo muchos pacientes  consiguen un funcionamiento que puede llegar a ser apenas distinguible del de otra persona sin la enfermedad, tanto en su vida familiar como laboral, en algunos casos manteniendo una medicación mínima sin los efectos secundarios de antes o con tan solo ponerse una inyección cada tres meses. En adolescentes conviene estar atento a cambios caracteriales llamativos o conductas de aislamiento progresivo e incomprensible.

 

 

P. La familia, redes sociales de apoyo ¿Qué importancia tienen en la mejora de las personas afectadas de una enfermedad mental? La patología mental sigue siendo un estigma en nuestra sociedad, ¿En qué ha avanzado la psiquiatría? ¿Qué queda por hacer? 

R. La familia o la red social de apoyo primario es de suma importancia en la maduración del individuo si es que se trata de una familia o red de apoyo sana, porque en algunos casos también puede jugar un papel negativo. Luego una vez desarrollada la enfermedad, es también muy importante y condiciona en gran medida la evolución y el pronóstico. En cuanto al estigma, es cada vez sin duda menor, pero aún queda mucho por hacer para que este tipo de enfermedades sean consideradas como las demás, lo que ya casi se ha conseguido por ejemplo en el contexto hospitalario general. Más que las enfermedades mentales  propiamente dichas, cambia la expresión de los síntomas. Desde el descubrimiento de la acción antipsicótica de la clorpromazina por un cirujano de la marina francesa en 1951, la psiquiatría ha avanzado fundamentalmente en la superación de los hospitales psiquiátricos con  el tratamiento en la comunidad y la incorporación de  otros profesionales, la creación de los recursos intermedios (entre la casa y el hospital) y en el desarrollo de fármacos con menos efectos secundarios que hacen más fácil el funcionamiento cotidiano, social y laboral de los pacientes.

 

 

P. ¿Cómo influye la educación y la cultura en la salud mental?  Nos encontramos en la era de la comunicación y estamos más solos que nunca. ¿Es nuestro propio Yo nuestro único referente?

R. La educación tiene evidentemente un papel fundamental en la formación de hábitos y costumbres que favorezcan estilos de vida sanos. Las redes sociales y las aplicaciones  tipo whatsapp no son necesariamente malas,  claro que han venido a facilitarnos muchas  tareas como la de encontrarnos fácilmente y la inmediatez en la comunicación cuando es oportuno, pero como todo invento tiene sus usos perversos, y así  sirven también para aislarnos en un medio de transporte o en la mesa de un restaurante, o para ser tentado mientras trabajas, conduces o lees tranquilamente. También han creado necesidades nuevas y situaciones incómodas y embarazosas, incluso ahora los jefes  nos encargan tareas también durante las horas de descanso.

La competencia social y laboral en aumento, las expectativas que otros y nosotros mismos nos podemos haber creado pueden ser un excelente motor para nuestro desarrollo, pero sin fijarnos metas ineludibles para evitar la frustración de no llegar a alcanzarlas y entender que lo mejor  es conocerse bien, ser conscientes de nuestras fortalezas y limitaciones, sentirse a gusto consigo mismo en cada momento y pensar que, como decía Kavafis, lo importante es el camino en sí mismo, no importa lo largo que sea, y no tanto la meta.

 

 

P. ¿Se puede prevenir la conducta suicida a través de las nuevas tecnologías?

R. Ha habido diversos intentos de construir escalas de predicción del riesgo suicida que siempre se han demostrado de poca utilidad. A raíz del desarrollo de las app, se están empezando a utilizar  algunas de eficacia aún por demostrar. Cualquier psiquiatra de guardia atiende en un solo día varios casos y la única forma de prevenirlos es la exploración concienzuda y la pericia del clínico que, aún así, nunca es infalible. El suicidio no es una enfermedad, sino un síntoma que puede ser único o parte de una enfermedad, y puede ser pensado y realizado en un plazo de tiempo sumamente variable, incluso en unos segundos

 

 

P.  ¿Qué nos recomendarías para cuidar nuestra salud mental? ¿Hay prejuicios políticos a la hora de tratar la salud mental?

R.   Actualmente en el mundo occidental no existen que yo sepa prejuicios importantes de tipo político en materia de salud mental, por lo menos de modo generalizado, pero sí una cierta discriminación económica. Desde 1985 en Andalucía se ha hecho un largo camino hacia la incorporación de la enfermedad mental en la  red de asistencia general, contando ahora con una serie de recursos intermedios que han contribuido poderosamente a  mejorar la vida y el tratamiento e inserción social de los pacientes incluso más graves. Es posible que este proceso haya tenido un ritmo de desarrollo desigual bajo unos u otros gobiernos autonómicos y los recursos y dispositivos tengan incluso denominaciones distintas, pero las líneas generales son las mismas. Lo que sí hay aún es una importante insuficiencia de medios económicos destinados para completar esta transformación, lo que lleva al sufrimiento aún de muchas familias y a la sobrecarga en el trabajo de los profesionales, puesto que con este sistema hacen falta muchos más, y no me refiero solo a psiquiatras, sino también psicólogos, trabajadores sociales y enfermeros especializados o terapeutas ocupacionales.

 

 

P. El análisis psiquiátrico Don Quijote de la Mancha, es complicado de realizar y también de conocer que enfermedad mental sufría, pero todo apunta a que padecía psicosis reactiva y que, a día de hoy, sería tratado con neurolépticos e internado. ¿Qué enfermedad psiquiátrica podría padecer Don Quijote de la Mancha? ¿Es cierto que Sancho Panza curó a don Quijote porque supo escucharle?

R. Ha habido diversos autores que se han empeñado en  catalogar la enfermedad de Don Quijote y han llegado a distintas conclusiones (parafrenia, que es una especie de “locura lúcida”, una forma evolutiva de la esquizofrenia,  demencia, trastorno bipolar,…), lo que prueba que no es tarea fácil. Probablemente Cervantes no quería tanto mostrar un enfermo mental típico  (pudo fijarse en los síntomas de varios enfermos distintos, e incluso inventar algunos más) como una metáfora del idealismo contrastando con el realismo de su escudero, que le servía de contrapeso. En este sentido, para un estudioso del tema como Francisco Alonso Fernández, catedrático de psiquiatría  y una de las personas que me son más cercanas al respecto (fui  alumno suyo y más recientemente tutor de una de sus nietas), la novela expresa la mitología de la sabiduría, representada por la socratización de Sancho, con su realismo y prudencia,  junto a una ficción espiritual, donde se despliega la defensa de las causas perdidas.

 

 

P. La mayoría de las personas comprenden la importancia de tener un cuerpo saludable. Sin embargo, muchas personas pasan por alto la salud mental. Puedes por favor, recomendarnos algunos pasos para desarrollar y fomentar la práctica de hábitos, que nos ayuden a mantener una salud mental equilibrada y que nos potencien una vida más saludable.

La enfermedad mental tiene un origen biopsicosocial en proporciones variables de cada uno de estos tres componentes según los casos. De modo que reservarse períodos de descanso y dormir bien, alimentarse adecuadamente, realizar alguna actividad física regular, cuidar las relaciones interpersonales, compartir los problemas y cultivar el ocio con la actividad que a cada uno más le satisfaga  pueden alejarnos de la enfermedad mental, si no de todas, sí al menos de las que más dependen de factores psicológicos y ambientales, pero también mejorarán sin duda la evolución y el pronóstico de las de mayor fundamento somático. Mantener además un cuerpo saludable, pero no en detrimento de lo anterior o de un modo obsesivo llegando a la vigorexia,  qué duda cabe, aumentará la autoestima, que puede ser también muy importante para sentirse bien consigo mismo y en la relación con los otros.

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