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Antonio Leal Giménez
Miércoles, 26 de junio de 2019
Encuentros en la Castelar

Hoy, con Rosa María Alaminos Arias (Maestra Europea)

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Por Antonio Leal Giménez

Criada en sus años de infancia en el bar Alcázar, cuyo dueño Ceferino Alaminos fue su padre. Vivió en plena calle Castelar, justo enfrente del cine Alcázar. Persona muy modesta y tímida, nos comenta que no cree que tanto en su vida personal, como profesional tenga nada especial que merezca realizar este “Encuentro en su calle”. Después de casi toda una mañana conversando con Rosa pensamos que nos tiene mucho que aportar. Estudió bachillerato en el colegio de La Sagrada Familia, del que guarda unos magníficos recuerdos y cuando finalizó se trasladó a Madrid a estudiar Magisterio, en la época en la que coincidió con la puesta en marcha de un nuevo Plan de Estudios en las Escuelas Normales de Magisterio. Constaba de dos cursos de nueve asignaturas, además de Educación Física, Dibujo, Música, Manualizaciones y Enseñanzas del Hogar, Prácticas de Enseñanza y una Prueba de Madurez que había que superar para obtener el título.

 

Se ha dedicado a la enseñanza durante más de cuarenta años y ha sido muy feliz en el ejercicio de su profesión, junto a su marido, compañero de vida y profesión, con el que siempre ha compartido anhelos, proyectos y experiencias. Ha tenido diversos destinos en el ejercicio de su actividad profesional en diversas poblaciones de las provincias de Alicante y Madrid.

 

Desde su manifiesta humildad, tiene un alto nivel de autoconocimiento, y sabe perfectamente cuáles son sus fortalezas técnicas y personales lo que le ha permitido gestionar con mucha tolerancia distintas habilidades de sus alumnos de diferentes edades. Manifiesta una actitud positiva y transmite el amor que tiene por su trabajo. Su interés por continuar formándose le llevó a especializarse en Lengua Inglesa, impartiendo clases en enseñanza Primaria y en la ESO. Como todo buen profesional, Rosa, ha sido una docente dedicada a su trabajo y ha buscado constantemente maneras de perfeccionar sus destrezas, explorar nuevas herramientas y aprender más y más hasta convertirse en una experta en su materia.

 

Declara su interés continuo por observar continuamente a los alumnos en el aula para ver posibles problemas de aprendizaje o de comportamiento, así como entender los diferentes tipos de relaciones y liderazgos que existían en sus clases. Como buena docente conoce el valor del cambio, la innovación y la sorpresa a la hora de infundir vitalidad y emoción en sus lecciones. Ha experimentado con nuevos recursos, y no le ha importado arriesgar para alcanzar sus objetivos con sus alumnos. Como prueba de ello nos dice con el orgullo de haber superado un nuevo reto, ya que comenzó a estudiar inglés superados los cuarenta años  y gracias a esta especialidad pudo disfrutar de tener una de las mejores experiencias de su vida profesional, trabajando con profesores y alumnos en diferentes Proyectos Educativos Europeos e innovadores como Comenius y tomar conciencia de una dimensión educativa amplia compartiendo con diferentes profesores de distintos Centros Educativos de Suecia, Polonia, Estonia, Portugal, Grecia y Alemania. En la actualidad está jubilada y dedica su tiempo a hacer lo que realmente le gusta. Asiste con regularidad a cursos monográficos de Historia del Arte, siempre tiene un libro a mano y viaja cuanto puede con el fin de descubrir lugares que le satisfagan culturalmente. Junto a su marido forman parte de un grupo de amigos, todos nacidos en Alcázar de San Juan, denominado “La Castelar” y desde hace años se reúnen mensualmente para hablar de los recuerdos que les unen donde disfrutan comiendo y presumiendo de platos típicos manchegos. Hacen bueno el dicho de “Los manchegos, no solo comemos, nos juntamos para comer”

 

Nuestro Encuentro tiene lugar sentados en un banco próximo al antiguo bar Alcázar.

 

 

PREGUNTA. ¿Qué significa Alcázar de San Juan, tu pueblo, para ti? ¿Cómo lo recuerdas? ¿Cuáles son tus sentimientos cuando vuelves y paseas por sus calles?

 

RESPUESTA: Para mí, mi pueblo es mi Norte y guía, es el lugar del hogar familiar donde están mis orígenes y la esencia que me sostiene. Lo recuerdo como el lugar en que viví feliz, rodeada de cariño por parte de mi familia. Soy de la generación de las charlas, la palabra y el paseo por mi calle, La Castelar, son la imagen más grata que perdura en mis recuerdos.

 

En mi adolescencia empezábamos a comentar las primeras novelas que leíamos, los tebeos que intercambiábamos en el Kiosco de la Benita, los primeros programas de TV en blanco y negro, los discos dedicados de la radio, “El gran musical” de los domingos en Radio Madrid y por supuesto... las películas que echaban en  los cines Crisfel y  Alcázar. Aprovechábamos cualquier ratillo que teníamos entre las clases de mañana y tarde para en pandilla, las chicas por un lado y los chicos por otro, tener ocasión de vernos y al menos darnos el consabido: ¡Adiós!... y buscar la manera de entablar conversación y crear pandilla común para terminar asistiendo al guateque en invierno y al baile de la Piscina Marcris en verano.

 

Soy muy afortunada porque de esta época sigo conservando a mis dos amigas del alma: Carmen, que vive en Alcázar, y Toñi, ausente como yo desde hace muchos años. Cuando vuelvo a Alcázar todo esto me fluye, me siento en casa, mis hermanos, sobrinos etc... Y la sombra de mis padres.

 

 

P. Antes de elegir la profesión de enseñar (ser maestra) ¿Lo pensaste mucho y bien? ¿Los maestros de antes eran mejores que los de ahora? La vocación, que eso no se hereda ni se estudia, ¿Se trae consigo mismo?

 

R. Con 16 años, al terminar el Bachillerato, nunca se tienen las ideas muy claras. Estuve a punto de irme a Córdoba para estudiar el Preuniversitario, de hecho trasladé allí mi expediente. Mi padre prefería que yo estudiara Magisterio. Poco a poco fui descubriendo lo que sería mi gran dedicación y disfrute, así como la vida en el Madrid estudiantil de finales de los 60, junto con la familia de amigos que me acogió como una más, los hermanos Alcázar Martínez. Y así fue como sin pensarlo mucho me lancé a aprender a ser maestra, cosa que nunca he dejado de hacer.

 

Cada época y cada lugar tienen sus circunstancias, la sociedad hace que las necesidades del momento te hagan trabajar y evolucionar en tus métodos pero siempre con el denominador común de hacer que los alumnos sean capaces de participar e interesarse con lo que aprenden y lo más importante que se sientan queridos por su maestro, profesor, etc., que se sientan respetados y que ellos nos importan. Los ha habido muy buenos antes y los sigue habiendo ahora.

 

 

P. ¿Qué significado tiene para ti el ser maestra? ¿Qué es lo que más te ha gustado de tu profesión? ¿Cuál ha sido el mayor reto profesional que has tenido? ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción que te ha dado la docencia?

 

R. Siempre he dicho que yo no sé de qué hubiera podido vivir porque lo único que sé hacer es ser maestra, es en lo único que he trabajado durante 40 años. Ser maestra para mí ha sido vivir mi trabajo con ilusión. Lo que realmente me han guiado siempre en mis clases han sido dos principios: Uno que mis alumnos no se aburrieran en clase y dos que todos se sintieran con el mismo protagonismo, nadie es más que nadie y que todos deben dar el máximo de sus posibilidades, el esfuerzo es importante. Una de las cosas que me ha gustado de mi profesión es la libertad que he  tenido para innovar por mi cuenta y aprender a afrontar los retos, como la aventura de aprender inglés casi con cuarenta años,  para realizar una buena enseñanza. Me ha sido muy gratificante el vivir cómo un niño descubre que las letras le transmiten mensajes en palabras y que con ellas es capaz de expresar sentimientos.

 

He tenido muchas satisfacciones en la enseñanza entre todas siempre la de poder integrar alumnos que presentaban desganas, problemas o dificultades de cualquier tipo y junto con  todo el equipo de profesores conseguir su integración en el mundo universitario o laboral. Me considero una gran defensora del trabajo en grupo y también de la implicación y apoyo a todos los recursos educativos siempre con un principio que es el de la entrega de verdad.

 

 

P. ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros días de maestra? ¿Cómo eran los alumnos entonces? ¿Te sientes feliz cuando dices a todo el mundo: ¡Yo soy maestra!?

 

R. Tuve la gran suerte de que el tercer año de carrera se dedicaba íntegro a hacer prácticas. A mí me correspondió realizarlas en Palomeras Bajas, lindando con El pozo del Tío Raimundo de comienzos de los años 70 en Madrid. Fue un gran bautismo. El colegio estaba en medio de un gran poblado de Chabolas, familias problemáticas, pobreza de todo tipo...  Allí conocí al que sería mi novio y hasta el presente esposo, y también comprobé que mi dedicación tenía que ser a lo que mi padre, entre líneas, me recomendó. Aquellos alumnos y sus familias me marcaron y la alegría e inocencia que nos demostraban nos fueron creando un germen de esperanza y un compromiso con la Enseñanza Pública como medio de inclusión social. Y por supuesto siempre me siento orgullosa de proclamar que soy maestra.

 

 

P. ¿Has tenido siempre vocación docente? ¿Crees que debe haber una vocación para este trabajo o la vocación se hace? ¿Es verdad que nadie olvida a una buena maestra?

 

R.  En cuanto empecé a conocer lo que es educar y enseñar me volqué de lleno a ello y a tratar de disfrutar de lo que hacía. Yo no sé si a esto se le llama vocación... yo le llamaría  dedicación, ganas de innovar y seguir formándote. Tampoco sé si se nace con ella, aunque sí que he tenido compañeros que parecía habían nacido con esa vocación pero en mi caso puedo afirmar que yo no nací maestra, me hice con el tiempo.

 

Mi primera maestra de la que guardo un recuerdo excelente fue Rosalinda García Aguilera que a finales de los años 50 tenía una escuela de las de aquella época unitaria en la Plaza de Barcelona. Su labor era magnífica, las alumnas mayores nos ayudaban a las más pequeñas y con su figura nos daba ejemplo y nos hacía aprender de forma natural. Estuve con ella poco, menos de dos cursos y luego pasé al colegio de La Sagrada Familia para realizar ya el Ingreso y todo el Bachillerato. De allí tengo recuerdos de todo tipo pero quiero resaltar por encima de todo la excelente labor de una persona: Sor María del Sagrario, buenísima profesora de latín, Historia, etc. Humanidades en general y cómo lo llevaba a la práctica en el terreno educativo era  por encima de todo: Humana. Y otra: Mercedes Durá. En el último curso recibimos clase de Literatura e Historia del Arte que supo sembrar la semilla en mí de lo que han sido mis dos disfrutes : la lectura y el Arte.

 

 

P. Ser maestra ¿Continúa siendo una de las tareas sociales más nobles, una de las pocas que todavía se basa en el altruismo y el espíritu de servicio? Ortega y Gasset decía “siempre que enseñes, enseña a la vez, a dudar de lo que enseñes”. ¿Se ve reflejado en el aula como metodología básica en general?

 

R. Sí, ser maestra es una tarea noble, junto con todas las que se relacionan directamente con seres humanos suponen una entrega de ti mismo, no solo en lo profesional sino también en lo humano. Yo no diría que es altruismo, altruista es el que trabaja sin recibir nada a cambio y yo no me siento así, yo he recibido mucho de mis alumnos y compañeros, que de todo el mundo se puede aprender algo y que el cariño que te demuestran te compensa de los malos ratos que puedas haber tenido.

 

Estoy de acuerdo con Ortega  que siempre que enseñemos debemos enseñar a dudar de lo que enseñamos, se corresponde con la negación del pensamiento único, además con los vertiginosos cambios sociales que vivimos, cada teoría, descubrimiento, etc. que enseñas se ve desplazado en poco tiempo y nadie estamos en el poder absoluto de la verdad.

 

Pero es bien cierto que los enseñantes no lo llevamos a la práctica, tendemos a la exposición de los hechos o teorías y no hacemos siempre a los alumnos partícipes del debate y la investigación personal, deberíamos de incluirlo en nuestra metodología de base. Yo auguro buen porvenir a la Enseñanza del siglo XXI, soy esperanzadora en este terreno.

 

 

P. Con tu dilatada experiencia docente ¿Cuáles son los principales cambios que has notado en las aulas? ¿Qué cambiarías de nuestro sistema educativo actual? Ser maestra es una de las labores más nobles del ser humano. ¿Existe un/a maestro/a que ha marcado tu vida? 

 

R. Pues sí, hemos cambiado mucho desde que yo comencé. En mi primera escuela por no tener no tenía ni pizarra y tuvimos que pintarla los maestros. Después se fue mejorando mucho.

 

Habría que distinguir entre los cambios físicos: audiovisuales, informáticos, recursos en general y los cambios humanos: tipo de alumnado, equipo de profesores, participación de los padres en la educación de sus hijos, etc... El hecho de tener más o menos recursos educativos en tu clase influye y desde luego en eso los maestros sabemos crearlos de forma artesanal. Lo cierto es que hoy no se concibe una jornada escolar sin apoyos informáticos, laboratorios, etc. y en esto sigue habiendo desigualdades entre unos centros y otros, y se debe acabar.

 

Tuvimos que prepararnos para recibir diversidad de alumnos de todas las razas, culturas, religiones... ha sido una labor de integración a veces difícil, sobre todo por la falta de apoyos, que hemos ido solventando con la mejor de las voluntades. La integración de los alumnos con necesidades educativas especiales  hoy en día se ha normalizado aunque la integración total sigue siendo un objetivo a conseguir.

 

Con respecto a las familias también ha evolucionado al mismo tiempo que la institución familiar lo ha hecho. Sea como sea y el momento en que se dé el proceso e implicación de los padres en la educación con sus hijos es fundamental.

 

De nuestro sistema educativo actual lo que cambiaría sería esto: Una ley General de Educación que no cambie con cada gobierno de turno ¡por favor! A lo largo de mi  vida laboral he conocido seis Leyes distintas, que no favorece en nada tanto cambio y no nos permite avanzar. Sería necesario un consenso a nivel Nacional.

 

Otra cosa que cambiaría es el exceso de burocracia a que se somete al profesorado, muchas veces innecesaria y que hace que mucho tiempo que dedicamos a ello no nos permita dedicarnos a nuestras clases. Además los enseñantes hacemos la suficiente reflexión de nuestra labor para saber qué cosas necesitamos mejorar sin necesidad de escribirlas en papeles y cuestionarios que al final sólo van a parar en macro encuestas pero sin mejoras individuales.

 

En cuanto a si ha habido algún maestro que haya marcado en mi vida además de los que he citado de mi infancia y adolescencia también he tenido la suerte de tener compañeros que me han dado ejemplo y buenas pautas a seguir, entre ellos uno muy cercano, mi compañero de vida y trabajo, mi marido Andrés.

 

 

P. ¿Cómo era la relación que tenías con las familias en los primeros años de profesión? ¿Cómo fue en los últimos años? Las familias, ¿Te apoyaban cuando surgía algún problema con sus hijos o lo evitaban?

 

R. A lo largo de tantos años he tenido experiencias de todo tipo con las familias. Recuerdo aquellas familias de los años 70 y 80 en que generalmente los padres eran mayores que yo o de mi edad y en el que las madres todavía no se habían incorporado al mundo laboral y los chavales cuando volvían a casa tenían a alguien  que los esperaba con la merienda y acompañaba en los deberes. Eran padres preocupados por dar a sus hijos todos los estudios que ellos no habían podido tener.

 

Después, mal que nos pese, esa incorporación hizo que las familias cambiaran los horarios. Era y es normal que cuando vuelven del cole no haya nadie en casa y muchos no han sido capaces de crear autonomía por sí solos.

 

Siempre ha habido y habrá familias que independientemente de la situación laboral, estén implicadas y de esa colaboración siempre saldrá algo positivo para sus hijos. Observo, que ahora que yo ya no estoy dentro, hay padres como muy defensores de sus hijos y que el exceso de protección termina pasándoles factura.

 

En mi caso particular, en general, he tenido buena relación con las familias tanto al comienzo como al final. Es muy importante el establecer todos los principios de curso un contacto grupal y que conozcan tus ideas, normas, etc... Y sobre todo mantener contacto y dar facilidades para que las familias puedan hablar contigo de forma periódica y principalmente cuando se necesita.

 

También me ha ocurrido en algún momento situaciones de falta de comprensión o entendimiento, casi siempre por demasiada protección hacia sus hijos, a mi juicio equivocada. (Siempre es necesario el diálogo). Las familias nunca deben dejar a la escuela como responsable única de la educación de sus hijos, nosotros tenemos una labor importantísima pero la base está en las casas, y si ambas instituciones van al mismo paso y tocan la misma melodía  hay muchas posibilidades de que el “concierto” suene bien.

 

 

P. Los cambios en la sociedad como: la aparición de las nuevas tecnologías, los horarios laborales... ¿Piensas que han afectado a la implicación de los padres con la escuela? ¿Cómo se puede mejorar la comunicación con los padres para que la acción educativa compartida sea mucho más efectiva? ¿Qué beneficios se obtienen cuando existe una buena comunicación entre los padres y los maestros?

 

R. Antes hablábamos de que las situaciones laborales, hoy en día, hace más difícil la comunicación; poniendo cada uno de su parte, eso se puede solucionar. Siendo flexible con los horarios de visita, dando facilidades para consultas y además  con los medios informáticos se abrieron canales que permiten conversaciones no presenciales, nunca como el contacto directo, pero llenan vacíos de información.

 

También el mundo laboral debería tener en cuenta la importancia para las familias con hijos en edad escolar de disponer de algún horario para contactar con las escuelas y facilitarlo.

 

Los beneficios de la educación compartida son múltiples: Los alumnos no sienten contradicciones entre lo vivido en el colegio y su casa, los padres están informados y comprenden  mejor lo que sus hijos trabajan cada día y los maestros nos sentimos reforzados en nuestra labor.

 

 

P. El Programa Comenius, enmarcado en el ámbito del Programa de Aprendizaje Permanente, es una iniciativa que tiene por objeto reforzar la dimensión europea en el campo de la educación infantil, primaria y secundaria, promoviendo la movilidad y la cooperación entre centros educativos europeos. ¿Crees que  el programa Comenius en base a tu experiencia ayuda a ello? ¿Cuál ha sido tu función con respecto al proyecto Comenius? ¿Qué beneficios te ha aportado el programa a ti y a los alumnos?

 

R. La primera vez que escuché hablar de estos  Proyectos fue en un curso de formación de la Agencia Sócrates (hoy desaparecida) allá por el año 96, en Madrid. Estaban promocionando en ese momento los proyectos Comenius de Integración y  Multiculturalidad subvencionados por la Unión Europea. Como necesitábamos formarnos para llevarlo a cabo, propuse al Centro de Profesores que participara con nosotros y nos contactaron con ellos, con Suecia, el país coordinador y así llegó nuestro primer proyecto: “Coloured Umbrella” Cuando pasé a Secundaria llevé este proyecto al IES Europa de Móstoles, mi nuevo destino de trabajo, donde recibí toda clase de apoyos. Trabajamos con Suecia, Portugal, Estonia y Polonia. Recibimos cursos de formación sobre Multiculturalismo e Integración y después de forma interdisciplinar implementamos en nuestra programación Unidades didácticas para trabajarlas en diferentes grupos. Este proyecto no era de intercambio de alumnos, fundamentalmente de formación del Profesorado pero con resultados directos sobre ellos. Después vinieron bastantes más, fui Coordinadora de los diferentes proyectos en que se implicó el IES Europa de Móstoles: Sobre Medio Ambiente, Ciudades, Teatro...

 

Guardo muy buen recuerdo de un Comenius que proyectamos sobre aprendizaje Cooperativo: “Learning by sharing”, con un curso de formación a los profesores por parte de la Universidad Autónoma de Madrid. Otros más con participación de alumnos en los encuentros trasnacionales que realizábamos con otros países como Alemania, Grecia, Turquía, Finlandia, Italia.

 

Esta ha sido una de las grandes satisfacciones : el poder hacer que nuestros alumnos convivieran con familias, pudieran expresarse en otra lengua, compartieran el trabajo que se realizaba en sus clases y vieran otras culturas que si no hubiera sido por estos proyectos no hubieran tenido la oportunidad de conocer Europa. Para mí ha sido una de las mejores experiencias en mi vida de trabajo. A los alumnos les ayuda a convivir, a trabajar de distinta forma, a compartir con alumnos de otros países los temas de estudio comunes y a mostrar temas culturales propios, a crear lazos de amistad, a motivarlos para emprender nuevos proyectos en el futuro y a emprender por sí mismos; es decir, al desarrollo de todas las Competencias que les van a enseñar a ser mejores ciudadanos.

 

 

P. A Título de despedida ¿Qué sientes cuando todavía te paran por la calle personas que fueron alumnos tuyos? ¿Cuál sería tu mensaje final para nuestros paisanos?

 

Cuando ya estás jubilada es un sentimiento de agradecimiento tan grande hacia los que fueron antiguos alumnos y te los encuentras en cualquier lugar: en el metro, en un hospital, por la calle... y te muestran un buen recuerdo y ves como por encima de todo son buenas personas que alguna lagrimilla se escapa. Cuando me cuentan sobre algún compañero que no ha tenido tan buen final me surge la tristeza y siempre pienso: todos habremos fallado en algo. Los maestros vivimos de los buenos recuerdos y del cariño que ahora nos devuelven.

 

Quisiera despedirme de mis paisanos con un mensaje optimista y esperanzador: valores como la honradez, el bien hacer en el trabajo, el cariño repartido, la lucha contra la injusticia, la ilusión. Todos estos conceptos están incluidos en la Educación y que mis mejores recuerdos del pueblo del que siempre he presumido, me han enseñado.

 

Gracias a mi familia y amigos que me han aportado tanto y gracias a ti Antonio por brindarme esta oportunidad de hacer estas reflexiones y recordar mi infancia y adolescencia.

 

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