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Javier Mata
Miércoles, 30 de octubre de 2019
CRÓNICAS DESDE EL CORAZÓN DE EUROPA

Ignorancias irracionales

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Por Javier Mata

Bonjour à toutes et tous! Creo que la mayoría de mis lectores conocen (acaba de estrenarse una película acerca del mismo) el incidente que enfrentó a Don Miguel de Unamuno y al general Millán Astray en la Universidad de Salamanca, confirmando al primero como uno de los grandes defensores de la racionalidad frente a la tiranía franquista. Lo recuerdo: El 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, cuyo rector era Unamuno, durante la inauguración del año académico, el infausto general pronunció las palabras: «¡Viva la muerte!», a lo que Don Miguel respondió: «Este es el templo de la inteligencia, y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto (…) Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha (…)»



Han pasado más de 2000 años desde que Aristoteles definiera al ser humano como racional, aún siendo posiblemente el más irracional de los seres vivos, los debates filosóficos proliferan sobre el asunto. No obstante, hoy quiero servirme del incidente que reivindica la razón frente a la sinrazón, ante la irracionalidad de la fuerza bruta y la imbecilidad del ensalzamiento de la muerte.



A veces imagino lo que pensarán de nosotros esos otros seres vivos con los que compartimos entorno, esos a los que llamamos «irracionales» o «animales». Imagino lo que pensará mi gato cuando me observa fijamente. Y, parafraseando al bueno de Goscinny en «Asterix», creo que piensa: «Están locos estos humanos».
Así es, Don Miguel, después de mas de 80 años, en este país, en esta Europa y en este mundo, siguen sobrando «Millanes Astrays» cuyo único mérito es la irracionalidad de la violencia, la confrontación, o la exclusión, y faltan defensores de la inteligencia, la razón y la persuasión. En definitiva del diálogo y de la convivencia. Y así es, le digo a mi gato, nosotros los «racionales humanos» no sólo estamos locos, sino que además somos verdaderamente imbéciles dejando que lleven la manija de la sociedad los «Millanes Astrays» de turno.



No necesito hacer recuento de los nacionalismos, patriotismos, reivindicacionismos de lo excluyente, machismos, racismos, egocentrismos, y otros muchos «ismos» que ensalzan la irracionalidad, en estos días. No voy a perder mi tiempo ni mi espacio en esta columna, en enumerarlos ni discutirlos. No voy a dar ni un segundo a los que los alientan, los jalean, los dirigen, los justifican o incluso se escandalizan de los que no somos como ellos. Todos sin excepción, me merecen el mas absoluto de los desprecios a lo «Unamuno», y a todos sin excepción les contesto: Venceréis, quizás, pero no convenceréis, porque os falta racionalidad. No conseguiréis finalmente hacer caer los «templos de la inteligencia y la razón» y nos tendréis enfrente a los que creemos en ella, la defendemos o somos sus «supremos sacerdotes» para contestaros y haceros frente sin utilizar vuestras «armas».



Y dicho esto me preocupa el auge que tiene esta irracionalidad entre quienes hastiados o contrariados encuentran «refugio» y «respuestas» en ella. Y también entre quienes creen ver en ella la legitimidad o la lógica. Me preocupa y a la vez me apena porque detrás de ella esta el miedo, la ignorancia o el engaño. Y me preocupa porque estas tres, amparando la sinrazón, acaban llevando al sufrimiento y la violencia sobre una mayoría y al beneficio de la minoría que la promulga. A veces también, con intereses económicos detrás, parapetados sobre los incautos crédulos de la sinrazón.



Y con estos mimbres volvemos a lo recurrente en este ser humano a lo largo de los siglos. El recurso a dioses, fronteras inventadas, diferencias aparentes y supremacías basadas en la fuerza bruta, que acaban arrastrando a los incautos a la ignorancia y la mentira. Y lo vemos hoy en nuestro pais y nuestra Europa en el auge de los nacionalismos excluyentes y patriotismos pseudoculturales o religiosos, que llevan irremediablemente a la violencia, como ya ha pasado otras veces. Y de la exclusion consentida y argumentada quizás pero irracional siempre, al racismo de cualquier tipo y cómo no, a gritar «Viva la muerte» solo hay un pasito.



Se necesitan «agallas» y sobretodo la fuerza que te da la razón, para plantarles cara como Don Miguel, y desenmascarar la mentira o el absurdo, dejándolos en el ridículo evidente de sus ignorancias irracionales. Olé, Don Miguel de Unamuno! Somos muchos los que cogemos su testigo y seguimos gritando a los cuatro vientos: nunca convenceréis porque sois la sinrazón. Bon courage!

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