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Andrés Escribano
Lunes, 21 de mayo de 2018

Ha muerto Teófilo Ucendo, el hombre de las pinzas en el rostro

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Por Andrés Escribano (Foto José María Flores)

A Teófilo Ucendo Ruiz  se le han ido cayendo las pinzas de su cara, una a una hasta dejar la noticia sin más aliciente que una esquela mortuoria en la puerta de la iglesia. Su familia se ha vestido de luto y la noticia ha corrido por las calles de este pueblo entre la incredulidad y la nostalgia. Este hombre se paseó por las televisiones nacionales y recorrió el  país,  batiendo records cubriéndose   el rostro con pinzas de secar la ropa y se puso por bandera su lema:  "el mundo es una cosa y yo otra" .

 

 Sentía la necesidad de trasmitir aquello que consideraba importante, aunque pocos creyeran en él, lo que le hace aún más inverosímil, más auténtico, un hombre que se habilitaba el escenario de su número al pie de los molinos, en la tv. o cualquier otro, no le importaba el lugar.  Se bastaba solo y hablaba con su interlocutor mientras se iba pellizcando el rostro con las pinzas, comprimiendo sus arrugas, buscando un milímetro para colgar la última  y nosotros, incrédulos, asistíamos al espectáculo entre la indiferencia y la incomprensión. Pero este Teófilo, se empeñaba en buscarse así,  sus habichuelas, conectaba con los programas televisivos y conseguía entrevistas, batía records , "saltaba el charco" y se hacía otro Gigante, a su forma, a su manera cautivaba audiencias, a pesar de que no le dábamos la importancia que se merecía.

 

Comenzó su andadura tragándose bombillas ante la cara estupefacta de un José María Iñigo que le entrevistaba con asombro. Actuó en varios países  del extranjero, comentaba la capacidad de su cuerpo para hacer el pino reposando su cabeza sobre los vidrios mientras se elevaba en vertical a la inversa y narraba historias al tiempo que comentaba  elementos básicos  de su formación y del  cómo aprendió a leer en la mili y su trabajo de albañil de profesión y el desarrollo de esta  afición como "cosa aparte" de la que quiso hacer en todo momento su profesión.

 

Teófilo Ucendo, el hombre de las pinzas, batió el record de los guiness con ciento sesenta de ellas cubriéndose el rostro, y afirmaba el dolor que tenía que soportar para llegar a cubrir las partes más delicadas de la cara, de los masajes y el agua que se daba después de cada actuación, para que la sangre volviera a circular por su rostro y lo duro que era la competencia a nivel internacional, "que era mayor de lo que se pensaba". Era un hombre de fe, creía solo en él y sabía que estaba solo, aún así , había decidido seguir su carrera, decía "que nadie le iba a quitar aquello de su cabeza, ni siquiera su familia" y seguía como un lobo solitario de la sierra, como siguen el camino tantos artistas, denostados, apartados y poco reconocidos.

 

Creía en él mismo y todo lo demás, le sobraba. Hoy en día, no eres nadie, si no tienes un blog, si no eres youtuber, si no consigues miles de seguidores y no recibes miles de "me gusta", a  Teófilo le daba igual, sacaba sus pinzas y se fabricaba su barba de madera, mientras respondía a la entrevista y creía con fe ciega en su trabajo. Nadie se explicaba cómo digería una bombilla y la engullía su organismo o se aislaba del dolor producido en su rostro. Teófilo Ucendo se murió abrazado a su fe como los viejos marinos siguiendo las rutas de las ballenas en busca del Moby-Dick , de un corazón palpitando con fuerza y de un rostro descomunal.

 

Como siempre y tarde, felicidades viejo marino por vivir y  morir con la dignidad y el orgullo de un verdadero Gigante.

 

Andrés Escribano.

 

 

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